"La Patria de los canarios no es España, ni América, ni África, ni siquiera las Islas. La Patria común de los canarios, la Patria imposible que nos identifica a todos en un sentimiento único, es el mar. El mar nuestro, que haciendo temblar los acantilados graníticos que inmutables defienden nuestras costas, se arrastra luego vencido por las arenas conmovidas de nuestras playas. El mar “sonoro” que fragmentó con salvaje furia el concierto insular, para arrullar mejor sus intimidades, besándolas más hondo".
“La Tierra de los Andariegos”. Antonio Pino Pérez
<<Etimología del Vocablo “Mena”>>
La voz en sí, o su acepción fonética, quiere decir: filón de metal o veta de una mina. Una mena es un mineral del que se puede extraer un elemento, un metal generalmente, por contenerlo en cantidad suficiente para ser aprovechado. Así, se dice que un mineral es mena de un metal cuando mediante minería es posible extraer ese mineral de un yacimiento y luego mediante metalurgia obtener el metal de ese mineral. Así lo describen la casi totalidad de los diccionarios y las enciclopedias consultadas.
No hay que decir de los antiguo de este oficio, sin duda milenario, y por lo tanto, igualmente antiguo su fonetismo. Dato de por sí muy importante, y el porqué de encontrar este apellido o voz, en tantos sitios, distintas épocas y en las circunstancias menos esperadas.
Como es de conocimiento general, los apellidos como tales, son un fenómeno bastante reciente. No hace mucho, las personas no tenían apellidos como los conocemos hoy; sobre todo si eran pobres y labriegos. Cuando se les quería distinguir de cualquier otra persona con el mismo nombre, se indicaba que “este Juan”, era el hijo de Pedro; “Juan el de Pedro”. Cuando su padre era menos conocido entonces, se recurría a su oficio y se le llamaba: Juan el Carpintero; de ahí entonces: “Juan Carpintero” o “Juan Herrero”. Habían otros quienes se les conocía a por sus características físicas; así por ejemplo, se le llamaba entonces: Juan el Delgado o “Juan Delgado” a secas.
En la España pre-colonial, aquella que dio lugar al descubrimiento y conquista de América, al igual que otro sitios donde se aposentaron los Godos, Astrogodos o Visigodos, es decir todas aquellas tribus germánicas que invadieron a Europa luego de la caída de Roma, se usó ese mismo sistema pero siguiendo su estilo y lengua. Para estas gentes, casi invariablemente, el patronímico, es decir el descriptivo por el padre, era el más usado. Por ejemplo, el hijo de Rodrigo –nombre godo—se le llamaba Rodríguez. Al hijo de Pedro: Juan Pérez; al de Gonzalo: Juan González, etc.
El apellido “Mena” entonces, cae bajo este otro sistema de llamar a la persona por su oficio. De esta manera, Juan el Mena –“Juan el Minero”. Es la razón por la que podríamos concluir que este apellido cae en la categoría de los que describen oficios. Con toda posibilidad, aquellos que profesaban el oficio de mineros u orfebres. Oficio que mereció especial reconocimiento por la demanda de su técnica y por su aplicación a tantos otros entre lo cuales, sin duda el de forja de aparejos y armas de guerra.
Este apellido lo encontramos curiosamente en toda la Europa, Grecia, Italia, Asia Menor, Palestina y hasta Egipto, donde su acepción es más antigua. Esto de ninguna manera quiere decir que el apellido o la estirpe en sí, sea de origen egipcio; ya que el mismo describe un oficio de esa antigüedad. Podríamos decir sin equivocarnos que Mena es un oficio de las primeras edades de los metales, es decir la edad de Bronce; de 4,000 años antes de la era Cristiana. Estamos hablando como resultado, de un apellido, por lo menos con 6 o 7 mil años de antigüedad.
<<Datos Curiosos de la Procedencia de el Vocablo Mena>>
En una estela del Faraón egipcio Ramsés II., 1320 a de C., donde se describe la batalla de Kadesh’ donde se enfrentaron las fuerzas egipcias del faraón Ramsés II y las hititas de Muwatallish. La batalla ocurrió en las inmediaciones de la ciudad de Qadesh, en lo que hoy es territorio sirio. En dicha estela que es un grabación de un evento en piedra, se habla de un tal capitán Menna quien era nada menos que el conductor del carro de guerra del Faraón; un honor inusitado. Este Menna era el capitán de Aurigas reales. Algo así como capitán de Caballería, hoy capitán de Tanques.
Lo que es curioso de este dato es, que para entonces, el apellido ya no denotaba un oficio, sino que era nombre apropiado personal. Para que un vocablo haya sufrido esta transformación, de descriptivo de oficio a Patronímico, presumo que tiene que haber transcurrido muchos años, sabe Dios, cuantas generaciones.
Hasta en la geneología de nuestro señor Jesucristo se encuentra este “apellido”. Lo encontramos en Lucas 3.35: en la misma describiendo los antepasados de María se dice: “...hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonim, hijo de Eliaquim, hijo de Melea, hijo de Mená, hijo de Matati, hijo de Natón, hijo de David...” Nada menos que bisabuelo del Rey David.
Existe un mausoleo muy cerca de Alejandría en Egipto dedicado a un santo de los albores del Cristianismo. Está destruido en estos momentos, pero fue dedicado a Abu Mena, quien hacía milagros y a quienes concurrían miles de pelegrinos de aquellos tiempos.
Desde el punto de vista de la Península Ibérica, encontramos este apellido en aquel relato de los doscientos apellidos de linajes sevillanos de la reconquista de España. Después de haber estado ocupada por los moros durante quinientos años, de los cuales la mayor parte del tiempo Sevilla fue una provincia del imperio marroquí, en el año 1247 el rey Fernando III el Santo vino a reconquistarla. En su ejército figuraban milicias concejiles de León, Castilla, Extremadura, Galicia, Córdoba, y Jaén, tropas de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan de Jerusalén. Algunas huestes de Aragón y Navarra, y una tropa reducida, casi simbólica, enviada por el Papa al mando de su sobrino un tal: Micer Uberto.
En Noviembre de 1248 San Fernando ocupó Sevilla, que le fue entregada por el reyezuelo Axataf, completamente vacía, saliendo todos sus pobladores moros hacia Marruecos, o hacia el reino moro de Granada. Una vez terminada la reconquista muchos caballeros, y las tropas concejiles y de las Ordenes regresaron a sus lugares de procedencia. Pero otros, que eran descendientes de los antiguos visigodos y mozárabes sevillanos prefirieron quedarse. También y para que la ciudad no quedase despoblada, el rey San Fernando retuvo aquí otros caballeros, dándoles casa en la ciudad y viñas y olivares en el contorno, para decidirles a quedarse como pobladores. En total el rey asentó a doscientos caballeros de linaje.
Cuatro años después en 1252, el rey Alfonso X el Sabio, al ocupar el trono por la muerte de su padre, se ocupó como primer asunto de gobierno, de revisar el poblamiento de Sevilla, y ratificó las donaciones de casas y terrenos, y repuso algunas vacantes que se habían producido, de tal modo que volvió a haber DOSCIENTOS CABALLEROS pobladores, cuyos nombres se escribieron en el llamado "Cuaderno del repartimiento". De estos DOSCIENTOS descienden la mayoría de los sevillanos, pues como hemos dicho la ciudad fue vaciada de moros. La Lista de los DOSCIENTOS CABALLEROS DE LINAJE, tomada del "Repartimiento" es como sigue: “...Alardo, Arnalt, Arnaud o Arnao, Ferrández, Frechilla, Alava, Avia, Ferrera o Ferreras, Fuentecirio, Alcalá, Ayala, Feznalfarache, Fusiellos, Alcániz, Aybarana, Fita, Alcázar, Ayllón, Alfonso, Aznalfarache, Alguacil, Aznárez, Gaceo, Gil, Galicia, Giménez o Jiménez, Gallego, Guillén, Baeza, Bohiga o Boyga, Gálvez, Gustioz, Banades, Boica o Boiza, Gamarra, Gutiérrez, Baso o Bazo, Bordallo, García, Baza, Borni, Bebián, Botón, Berrueces o Berruezo, Brión, Hacániz, Hoyos, Blanco, Buiza, Halconero, Hurones o Furones, Blázquez, Henestrosa o Hinestrosa, Hurtado, Hita, Husillos, Cabezas o Cabeza, Cavaleras, Cameno, Cedano o Sedano, Ibáñez, Iñiguez, Campana, Cebrián, Ibatana, Campo o Campos, Cillero, Canaleja, Cipriano, Cansado, Cohorcos, Jiménez, Juanes, Carado, Corrucho, Jordán, Juárez, Carrillo, Cotediano, Casado, Cuadro o Cuadros, Castro, Cuenca, Laces, Lobaña, Lechauri, López, Dabanades, Lencina, Lores, Doria, León, Luna, Davia, Doscrino, Liveri, Lusía o Llusía, Díaz, Doviñal, Madrid, Medina, Madrigal, Medinaceli, Maestre, Meléndez, Magro, Melgar, Malo, Mena, Manciles o Mancilla....”
Se identifica entonces, con un apellido eminentemente castellano, por lo menos para esta época de la historia. Se cita en las enciclopedias españolas, como un apellido lugareño, es decir como por ejemplo: Juan de Mena, del valle de su nombre en Burgos. Con casa y lugar también en Murcia.
<<Como Llega este Apellido a Canarias y Específicamente a Tenerife>>
Es de suponer, que el apellido llegó específicamente a Tenerife, luego de la conquista de las Islas Canarias por los españoles. Pero no hay constatación concreta para tal aseveración—por lo menos, yo no la he encontrado-- porque que el lenguaje que hablaban los indígenas o moradores de dichas islas, se ha perdido, sobreviviendo solo un puñado de frases y nombres de sitios. Hubiera sido determinante si se hubiera encontrado ese denominativo en la forma que fuera, pero no fue así. Es más, a los moradores de Tenerife, se les describe como pertenecientes al Neolítico, es decir a la Edad de Piedra. Aquella cuando todo se hacia con la piedra y aún no se conocía la metalurgia, que es la que dar lugar al denominativo.
La conquista de las Islas Canarias por parte de la Corona de Castilla se llevó a cabo entre 1402 y 1496 (Colón pasó por allí en el 1492). Se pueden distinguir dos periodos en este proceso: la Conquista señorial, llevada a cabo por la nobleza a cambio de un pacto de vasallaje, y la Conquista “realenga”, llevada a cabo directamente por la Corona, durante el reinado de los Reyes Católicos.
Para su estudio, los historiadores distinguen dos periodos en la conquista de Canarias:
Conquista señorial. Se conoce con este nombre a la conquista llevada a cabo por la nobleza, en beneficio propio y sin una participación directa de la Corona, que otorga el derecho de conquista a cambio de un pacto de vasallaje del noble conquistador hacia la Corona. Distinguiremos dentro de ella la conocida como Conquista Betancuriana o Normanda, llevada a cabo por Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle entre 1402 y 1405 y que afectó a las islas de Lanzarote, El Hierro y Fuerteventura. La otra fase se conoce como Conquista Señorial castellana, llevada a cabo por nobles castellanos que se apropiaron, mediante compras, cesiones y matrimonios, de las primeras islas conquistadas e incorporaron la isla de La Gomera hacia 1450.
Conquista realenga. Este término define a la conquista llevada a cabo directamente por la corona de Castilla, durante el reinado de los Reyes Católicos quienes armaron y en parte financiaron la conquista de las islas que faltaban por dominar: Gran Canaria, La Palma y Tenerife. En el año 1496, llegó la conquista a su fin con el dominio de la isla de Tenerife, integrándose el Archipiélago Canario en la Corona de Castilla. La conquista realenga tuvo lugar entre 1478 y 1496.
Por eso, es que podríamos presumir que el apellido Mena, ya un descriptivo patronímico, llegó a Tenerife para entonces. Fueron Castellanos Godos y Visigodos los que le terminaron por dar forma lingüística e inclusive étnica a las poblaciones de Tenerife de donde venimos nosotros, porque cuando España conquistaba, también poblaba con su gente.
Casi por obligación y lógicamente, tiene que haber sucedido una interpolación racial tremenda, de razas germánicas y normandas, que fueron los soldados de la invasión.
<<Como Eran la Gente en Tenerife hace a Penas 614 Años>>
Cavernícolas, neolíticos, raza muy arcaica. Sin lugar a dudas: unas personas bien primitivas, con las costumbres, hábitos, inclinaciones y bestialismos propios de esa etapa evolutiva. Sin embargo, encontrarán interesantes la descripción que de ellos hacen los cronistas españoles de la Invasión Castellana. Veamos:
Eran hombres altos, robustos, fuertes, de bellas facciones; de tal manera que los cronistas de la expedición de Bethencourt exclaman:
«ld por todo el mundo y casi no hallaréis en ninguna parte personas más hermosas ni gente más gallarda que la de estas islas, tanto hombres como mujeres, además de ser de buen entendimiento si hubiese quien los cultivase».
“Aislados de la influencia cultural de otros pueblos, vivían en pleno neolítico .Desbastaban la piedra obteniendo ruedas de molino, esferoides arrojadizos, cuchillos de obsidiana, etc. Modelaban el barro en la construcción de vasijas y cuencos. Elaboraban punzones, espátulas y agujas de hueso, armas y bastones de madera”.
“Su sistema de vida era fundamentalmente pastoril, aunque también hacían faenas agrícolas en el cultivo de la cebada y el trigo, que tostaban y molían, obteniendo la harina de gofio”.
“Vivían fundamentalmente en cuevas, aunque también construían chozas. Se vestían con pieles. No hay señales de que conocieran la navegación”.
“Estaban organizados bajo el mandato de un mencey o guanarteme (rey); la tierra era común; eran pacíficos aunque guerreaban, como todos los pueblos pastores, por robos o problemas de ganados. Tenían leyes y jueces. Creían en un solo Dios que adoraban e imploraban en lo alto de las montañas. Embalsamaban a sus muertos. El tajaraste era uno de sus bailes y la lucha bipersonal (antecedente de la lucha canaria) era su principal deporte”.
<<Los Guanches de Tenerife>>
Así se llamaban los moradores descritos en la isla de Tenerife. Lo primero que hay que aclarar es que la palabra “guanche” la aplican a todos los antiguos habitantes de las Islas Canarias. Bien se sabe que su empleo correcto sólo se refiere a los antiguos habitantes de Tenerife,. El uso del término "guanche" para referirse a la totalidad de los aborígenes del Archipiélago data de finales del XVIII y del siglo XIX, dado que muchos investigadores centraron sus estudios sobre los antiguos habitantes precisamente en los aborígenes de Tenerife. Guanche concretamente quiere decir “hombre de Tenerife”, procediendo de “guan” descendiente y “chinech” Tenerife. Por otro lado “Guanche”, se denomina también al idioma de origen líbico que hablaban los antiguos pobladores de Canarias. Este lenguaje desapareció tras la conquista, conservándose en la actualidad sólo una serie de palabras recogidas por cronistas e historiadores. Algunos de estos términos se han mantenido colándose en el actual habla canaria, como por ejemplo “baifo” para referirse a la cría de la cabra o “gofio” que hace referencia al grano tostado y molido. Del mismo modo, existen también términos guanches en algunos topónimos de las Islas como Aguere, Chipude, Gáldar, Tijarafe, Tamaduste, Yaiza o Tindaya.
Algunas veces también suelen referirse a estos antiguos habitantes, con la denominación de «prehispánicos», por ser anteriores a la llegada de los españoles.
Lo que si podemos decir o sacar en limpio de todo esto es, que nuestra raza por obligación genética, tiene mucho de primitiva, tal vez explique algunas de las dolencias de que padecemos y la propensión a la agricultura y al ganado, a ser trabjador, los temperamentos fuertes y medio iracundos, las mujeres dominantes e igualmente fuertes, al matrimonio entre primos, etc. No hay forma que esto pueda ser sacado de los genes en tan poco tiempo. Por los menos los que descendemos de esos Guanches de Tenerife
<<De Donde Vienen los Menas de Puerto Rico>>
“Linajes de San Miguel de la Abona”
Comarca sur de Tenerife, Islas Canarias,
Según información recibida del Dr. Enrique Delgado Plasencia, natural de Hatillo, Puerto Rico y especialista en Canarios—dada al padre Victor Rojas Rodríguez-- siguiendo al juez de Arona, Nelson Díaz Frías, escritor de varios libros de genealogía de la comarca sur de Tenerife, Islas Canarias, ante todo su libro de genealogía: "Linajes de San Miguel de la Abona", presenta donde desarrolla distintos apellidos de canarios que aparecen en Puerto Rico, Hatillo, etc.
Según investigación del Padre Víctor, quien tiene en su linaje el apellido Mena por parte de su padre Víctor Rojas Mena, biznieto de Agustín Mena y María Escolástica Vargas; nieto de Pablo Mena Vargas y María Eugenia Rodríguez Cordero; e hijo de María Amparo Mena Rodríguez y Ramón Rojas Gómez., tal parece que esta familia, llegó a Puerto Rico de Tenerife más o menos durante la primera mitad del Siglo 19; es decir: durante los años 1850 y pico. Por lo menos, esto es lo que refleja su investigación de los archivos parroquiales de los municipios donde fueron ellos a aposentarse. Nos dice que en la página 464 de dicho libro de linajes, identifica a “Otros Mena sanmigueleños”, emparentados con los anteriores» donde parecen estar con exactitud los de Felipa Mena Domínguez. Los Mena de su familia, los de «Pablo Mena Vargas», aunque no puede probarlo con exactitud.
De todos modos, tal parece que había una estrecha relación entre las primeras familias Mena que llegaron para ese entonces. Cosa que no debe en forma alguna sorprender ya que fue exactamente el caso de muchísimas otras familias que llegaron como inmigrantes españoles. Uno se venía primero, plantaba bandera y poco a poco iban llegando hermanos, primos y el resto, comenzando por las madres.
En 1695, Juan Fernández Franco de Medina (Sargento Mayor de la isla de Tenerife) trasladaba a 20 familias canarias a cambio del Gobierno de la isla. Llegaron varias familias de apellidos como: Marrero, Morales, Vera, Mora, Amador, Correa, Acosta, Osorio, Moya, Alonso, Lorenzo y Martínez entre otros que quedaron para siempre en la isla. A partir de ese momento las oleadas de canarios se sucedieron. Los canarios firmaban un contrato ante una persona autorizada que bien podría ser el capitán del barco, a través del cual se les daba pasaje, comida, alojamiento, ropa y un seguro. A cambio se les descontaba entre un 10 y un 20% del salario ganado. Entre 1720 y 1730 fueron trasladados 882 canarios. El 60% eran casados y el resto se casaban en Puerto Rico. Ello supuso un aumento espectacular de los datos demográficos de la Isla.
Los primeros canarios se establecieron en la zona oriental de Puerto Rico (Humacao, Yabucoa, Guayama). La creciente concentración posibilita la fundación en 1745 de Toa Baja, seguida en 1751 por el de Toa Alta. Una de las remesas de canarios aportaron muchos “García” a Puerto Rico.
En aquel instante los españoles peninsulares ocupaban los puestos más destacados de la Isla, puestos políticos y de influencias. Sin embargo, nunca se llegaron a integran. Cuando conseguían la suficiente fortuna solían regresar a España. Sin embargo, los canarios no solo se establecieron sino que echaron sus raíces en la nueva tierra proporcionando un intercambio de costumbres con los habitantes de la isla que les había acogido. En 1729 por Mayagüez, Añasco y Rincón se establecieron también. Fundaron una ermita en Mayagüez a la Candelaria y otra en Rincón en honor a Santa Rosa. La primera imagen de la Candelaria que se veneró antiguamente en Mayagüez, fue de vestir, similar a la que hay en Tenerife. El 19 de Julio de 1760, Don Faustino Martínez de Matos, presenta a nombre de los habitantes asentados en las orillas del río Mayagüez, una solicitud para fundar el pueblo.
Este pueblo llevaría el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria en la ribera de Mayagüez. El 30 de Julio del mismo año, el gobernador de entonces, Don Esteban Bravo de Rivero, da curso afirmativo al decreto que da paso a la fundación del pueblo. El 21 de agosto de 1760 se elige el sitio y los vecinos se comprometen a la fábrica del templo.
. Es en el noroeste y norte-centro de la isla donde es mas notable la influencia canaria. En el noroeste esta la ciudad de Hatillo, la cual fue poblada densamente por canarios, especialmente de San Miguel de Abona y hoy el 80% de los hatillanos tiene origen canario según genealogistas. En Hatillo se celebra el día de los Santos Inocentes con un festival de mascaras que tiene origen tenerifeño y existe un juego de naipes llamado el truco que fue traído por isleños. En la música puertorriqueña también se siente el espíritu creativo del canario. En las montañas de Borinquen (nombre aborigen de Puerto Rico) se escuchan las décimas por doquier y el tiple y el cuatro se une a las controversias y pie forzados que se oyen en esos lares. El canto del jíbaro (ósea el campesino) tiene rasgos canarios, y el que conoce la música de ambas patrias notará en seguida el parentesco. La gastronomía tampoco escapa la influencia canaria. Los boricuas comemos sancocho todo el año y el gofio es muy conocido por grandes y chicos. El mojo es necesario en la cocina puertorriqueña y se hace de diferentes maneras pero todas muy semejantes al estilo original canario. Es interesante saber que estudios universitarios han encontrado genes guanches en la población puertorriqueña y también en la vecina Santo Domingo. El lenguaje es otro gran legado que tenemos de canarias. Son innumerables los vocablos de origen canario que se usan en Puerto Rico, y el que ha oído hablar a un puertorriqueño y a un canario sabe que nuestra entonación y sintaxis es muy parecida. El habla canaria es definitivamente la madre del español puertorriqueño. Hoy día muchos puertorriqueños están re-descubriendo sus orígenes canarios y españoles en general. El Círculo de Amistad Canaria y la Rondalla Canaria han hecho grandes esfuerzos en los últimos años por fortalecer los lazos entre Puerto Rico y Canarias. El documentalista canario Manuel Mora Morales ha hecho una gran serie llamada “La ruta del gofio” y ha filmado y hablado en Puerto Rico muchas veces. El legendario show de folclor canario, Tenderete, ha parido un hijo, y en Puerto Rico desde el año pasado se emite “Tenderete en Puerto Rico” que hace gala del folclor boricua y canario. Espero que esta información les anime a saber más de la gran influencia española en nuestra Isla.
Para los interesados, tenemos, brindada por el Padre Victor, un amplio estudio, basado en los registros parroquiales de esta familia nuestra. Se pueden poner en contacto conmigo y con mucho gusto se la haré llegar.
Rafin Rod. Mena
rafinrmena@gmail.com
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