HISPANOMAGNO

El Mandamiento Mas Grande

.Usted creerá, que el mandamiento más grande requiere que se lean todos los libros de la Biblia y se tome profundos cursos en teología; sin embargo, toda la prédica Cristiana se puede resumir como dijo el mismo Señor Jesucristo en un pasaje del Nuevo Testamento: ”Amar a Dios sobre todas las cosas con todo tú corazón y entendimiento, y el prójimo como a ti mismo; en esto se encierra toda la Ley y los profetas”.. (Marcos XII: 28-34) Este es un precepto fundamental en la doctrina de Jesucristo y su medula misma. Todo su ministerio se basó en esto. Y Para mejor comprenderlo hay que poderlo visualizarlo en sus íntimos componentes. EL concepto tiene dos grandes partes y una coletilla final. Estas son:

Amar A Dios Sobre todas Las Cosas
Con todo Tú Corazón
Con todo tú Entendimiento

Amar al Prójimo
Amarlo
Y Como a Ti mismo

La Coletilla
Aquí se encierra toda la Ley
Todos los Profetas

Amar a Dios sobre Todas Las Cosas
El primer imperativo tiene a su vez verdaderamente tres indicaciones: La primera es que nos pide Dios que: a) Lo amemos; no nos dice que lo reconozcamos, que lo entendamos, o que lo comprendamos. Solo nos pide que lo queramos intensamente, que es amarlo. b) Luego nos indica que al hacer esto, lo hagamos de dos maneras más: Con todo el corazón; que quiere decir que no dejemos en nuestro corazón algún espacio para otras cosas. Solo Él, puede y debe llenar nuestro corazón. c) Finalmente nos pide que encima de todo esto, usemos nuestro intelecto para escudriñar el misterio de Dios en relación con el Ser Humano. Con “todo el intelecto” no puede ser igual que “con todo tú corazón”, porque no se indica como una redundancia, sino como una diferenciación fácil de ver. Es obvio que querer con el corazón y con el intelecto --o con tú mente--como se dice en otras versiones, no es la misma cosa. De hecho, requieren dos facultades humanas distintas: Tú puedes entender o , comprender, a alguien sin tener que quererlo y menos amarlo.

Es lógico que no podemos meter a Dios en el corazón en el sentido biológico de la palabra. El corazón no es más que un órgano del cuerpo. Por lo que este aspecto del amor que quiere Dios, se refiere a un comportamiento de carácter espontáneo; una actitud hacia Él que trascienda su búsqueda por lógica. Una actitud y más que esto, un anhelo antiquísimo que Dios ha sembrado en todo hombre desde su formación más primitiva (Ver “El Atomo Dios” en esta sección del Magazín). Es un anhelo de tal suerte, que desde los tiempos más remotos, ha buscado salir, aflorar y encontrar a Dios y luego amarlo.

Esta facultad de amar, y la forma intelectual, requieren de esta manera, dos esfuerzos separados. Amar algo o a alguien, puede darse en forma espontánea; es decir sin que medie el intelecto para nada. Cuantas veces nos hemos oído decir: “Lo amé de primera vista”; no hubo por ende un proceso de conocer, comprender, o tan siquiera visualizar íntimamente las características de esa persona. “Lo amo ciegamente”, dicen aún más otras personas. Por lo que se indica aquí, un tipo de amor más allá de la razón, Sin embargo, no hay que hacer un esfuerzo muy grande para recordarnos que este tipo de amor irreflexivo, cala en aguas muy llanas; es semilla sembrada en la superficie; cualquier alimaña puede venir y arrebatarla. Los vientos de la adversidad soplan... y ¡saaasss!... ahí te vas por el barranco. Que pueda perdurar en algunos casos, hasta en muchos; no lo dudo; pero hablamos aquí de la vasta mayoría de nosotros. Hay quienes salen del vientre de una madre para grandes cosas, con unas inclinaciones sorprendentes; pero nosotros, tenemos que amararnos a cualquier cabo que se nos echen para subir a bordo y que el barco de Dios, nos lleve a puerto seguro.

Son sin dudas dos cosas distintas las indicadas por el Señor, porque sabiéndolo todo, bien sabía cuando se dijo aquello, que tenía que anclarse todo amor, sobre bases sólidas. Para que cale hondo, para que dure, y perdure, el amor que Él nos pide, tiene que ser también, sazonado con el entendimiento; es decir, con la razón. No quiere Dios adoradores tipo papagallos, que como autómatas, digan que lo quieren, sin saber lo que quieren o a quien quieren. Es el hombre cuerpo y alma, sutileza emocional y también convencimiento intelectual. Quiere más quien conoce más. “Entre más te conozco ¡Ho Dios amado!, más te quiero, más te amo”;”Mientras más conozco de tú obra, más me maravillo de su riqueza y de su inmensa bondad para con tus creados”.

La voluntad de amar a Dios sobre todas las cosas, la requiere ilustrada por el conocimiento de su palabra, de su maravillosa creación; de lo increíble de que es el Ser Humano, y la misericordia inmensa que es la Redención y el Plan de Dios para el Hombre.

Pero acordémonos, que el Evangelio usa un imperativo aún más claro; cuando amemos, cuando estudiemos, y aprendamos de Dios, tenemos que hacerlo con TODO el corazón y con TODO., el intelecto o la razón. Dice el Señor, que “Él vomita a los tibios”. No podemos ser por ende, hombres y mujeres impávidas, de medias aguas, misas de media hora, oraciones embotelladas, repetitivas rimbombantes y triviales. Hombres y mujeres apagados, fríos de corazón o melancólicos y demasiados de emocionales en nuestras alabanzas. Nuestro Señor no quiere golpes de pecho, y arengadas oraciones. La mejor oración para Dios, por su propia revelación, es un hombre o mujer, que se acerque y se postre frente a Él en sincera humildad, reconociendo que somos todos transgresores de su Ley, y necesitamos de su perdón, edificación y de su gracia. Entonces brotará la verdadera alabanza; aquella que llega muy dentro de ese Dios tan compasivo.

Alegría mis hermanos, esa debe ser la tónica, somos hijos de Él, ilustrémonos de sus maravillas, estudiemos su Ley, comprendamos sus designios, y les aseguro que encontrarán todas las repuestas de la vida, de la alegría, del dolor, de la fortuna y de la tragedia, de la vida y de la muerte, del bien y del mal...y en su resurrección y de su promesa de vida eterna, la razón de nuestra existencia.

 Eso es amar a Dios con todo tú corazón y todo tú entendimiento. En ello la gran alegría de los Hijos de Dios.

Amar al Prójimo
Este segundo imperativo, tiene a su vez dos partes: “Amar al prójimo” y: “como a ti mismo". Si queremos ahondar más, en verdad tiene tres; porque la palabra "Prójimo", requiere un definición según nos enseñó Jesucristo. No se trata esto último como se había venido definiendo durante los tiempos de Jesús y hasta el día de hoy.

Amar al prójimo, como requerimiento divino es sumamente retante y asombroso. Figuremos, tantas cosas que dijo Jesucristo; algunas que nos han llegado por los Evangelios de cuatro de sus amigos o discípulos. Los cuales hasta llegaron a decir, que si fueran a escribirlo todo, no “cabrían en todos los libros del mundo.” Y sin embargo, entre amar a Dios, sobre todas las Cosas, añadió esto de: “amar al prójimo”. Y le añade y condiciona a que lo hagamos como a “nosotros mismos”.

Así que nos tenemos que preguntar, que significa todo esto. Sobre todo: quien es “el prójimo” y lo otro de: “cómo a nosotros mismos.” Algunas personas me ha dicho cuando hemos estado hablando de estas cosas, que es igual a decir: “No le hagas al prójimo lo que no quieres te hagan a ti”. Aún sonando esto tan bién, y no estando del todo incorrecto, adolece de un problema y que tenemos que tomar en cuenta, y es que: No todos sabemos lo que queremos. Por lo que no sabríamos por ende, trasmitirlo al prójimo... ¿no?

Por lo tanto para que querer al prójimo como a nosotros mismos, tenemos que conocernos bien a nosotros mismos. Por consiguiente sale a la luz, que si tengo una mala imagen propia, si tengo grandes conflictos internos y no he podido resolver, se me va a ser muy difícil "amar como a mi mismo". Cuantas personas ni se aman a si, o han sentido o tenido amor en si. ¿Cómo podrían entonces, amar al prójimo?

Por eso, para poder cumplir este mandamiento, el hombre tiene que venir a términos consigo mismo. Ha de tener paz en su corazón, haber podido dirimir sus conflictos, haberse podido perdonar y haber perdonado, haber podido vencer el egoísmo de la autocomplacencia. En Resumidas cuentas, Dios te pide paz para ti mismo, que logres verte bien para que puedas amar a otras personas.

Si el segundo imperativo básico es amar al Prójimo. Entonces la pregunta es quien es “prójimo” y que se entendía por “prójimo” en los tiempos de Jesucristo. Para empezar, “prójimo” en aquellos tiempos, era un concepto bastante restringido. Generalmente, para los judíos, al igual que hoy, se extendía a las personas más cercas a ti; como padre, madre, relacionados, amigos tal vez a algunos compatriotas. Aparte de esto, no se sentían compelidos a ayudar o interrelacionar con otros extraños. El Caso lo ilustra bien el incidente del “Buen Samaritano”. Tendido el camino, medio muerto se hallaba este pobre hombre que había sido asaltado y desvalijado por bandidos. Frente a él sin pararse, a socorrerlo, desfilaron prosiguiendo, escribas, fariseos, saduceos...bueno, cantidad de judíos de la región. Nadie se detuvo o tuvo compasión con el infeliz. Pero un samaritano, que también transitaba por dicho camino, viéndolo en aquella condición, se detuvo. Como sangraba, lavó y vendó sus heridas, le dio agua y con mucho esfuerzo, lo montó en el asno en el que el venia. Lo condujo a una posada e instruyó al ventero que lo atendiera y que cubriese todas sus necesidades. Le dejo una suma de dinero, y le aseveró que de regreso, le pagaría cualquier otra cantidad en que incurriera por atenderlo. Esto de por sí es encomiable, pero lo que lo hace grandioso y por lo que Jesús lo cita, es porque la gente de los altos de Samaria y los Judios, no se hablaban; de hecho, se consideraban enemigos. Los que oían al Maestro, comprendieron claramente quien es “el prójimo” para Dios.

De esta manera, el prójimo es quien necesita de ti. No entra en esa ecuación ninguna otra consideración; todo el mundo es tú prójimo: negros, blancos, vecinos, tus relacionados, compatriotas y emigrantes aunque estén ilegalmente en tú país. Para Dios, hasta tus enemigos son tú prójimo.

Aquellos que más difícil e te incomoden en ayudar, serán por los que más Dios te recompensará.

Aquí Se Encierra Toda la Ley y los Profetas
Palabras profundas y sumamente esenciales. Dios nos dice que después de amarlo a Él, como esencial en su doctrina, has de amar a tu prójimo. Para poder comprender esto; para poder entenderlo y ver lo monumental y revolucionario del concepto, hay que ver que no solo para los judíos coetáneos de Jesucristo, era esto casi incomprensible, porque en todas las civilizaciones anteriores y para entonces, esta forma de ver a los que te rodean, era totalmente distinto. Aquello no se estilaba y hasta una cosa como esa, se consideraba poco viril y una solemne tontería. Decir entonces que en ello se encerraba toda la Ley y los profetas, era sin duda para muchos algo inaceptable.

En síntesis, esta ultima coletilla, es totalmente cónsona con todo lo dicho antes por los profetas y ciertamente, durante todo el ministerio de Jesucristo. En adición es la antítesis de toda la negativa historia del hombre, resultante de su maldad, egoísmo y rapiña cruel del hombre contra el hombre. Sus guerras, fratricidas, y toda la sangre derramada por milenios.

No hay mandamiento más grande que este. Se centra finalmente,. en la misma esencia de Dios, que es todo amor y por amor, creo todo el Universo y al hombre. Y por amor permite la inmolación de su hijo por el prójimo, que somos todos nosotros.
Todos los rituales, toda liturgia, todo las obras y hechos por el hombre si no lo hace por amor al prójimo, no valen nada.

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