HISPANOMAGNO

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El Mas Bello Regalo

El más bello regalo que se le ha hecho al ser humano, es conocer a su Dios creador. Y a través de Él, el perdón de sus faltas y una vida eterna. Aún más maravilloso, que esta inmensa bendición, se da por un alto precio. Un precio que no lo paga el hombre...sino lo paga Dios.

Precio, visto en todos sus detalles y dolorosa realidad, manifestada a los hombres, mucho antes de que ocurriera y asumido, a pesar de que conllevaba el suplicio de una muerte ignominiosa, cruel y terriblemente dolorosa. ¿Tenía que ser así? ¿Planeó su propia muerte, siendo Dios? ¿Pudo haberlo hecho de otra manera? Ciertamente tenía todo el poder para hacerlo; y recursos de sobra para que legiones de seres celestiales, hubieran concurrido a su rescate. “El mismo se lo manifestó a Poncio Pilato, cuando lo interrogaba. “ No es mi reino de este mundo, si lo fuera, mis ángeles me asistirían”.

Pero lo increíblemente hermoso de su decisión es, que lo hace llegándose a nosotros, y en la misma forma que nosotros, como uno de nosotros. Acepta que este “régimen” humano, no fuera obstáculo para su “Visitación”. Como un corderito; un animalito dócil y pacifico, que llega al matadero donde sabe se les mata.

¿No es esto algo sublime? Es hasta inconcebible, que el mismo Dios que ha hecho el Universo; sus galaxias y en ellas las estrellas infinitas, las Supernovas, los Hoyos negros, la fusión atómica, la Vida, al ser Humano y todo lo visible e invisible, llegara a someterse a algo como esto. Se les hacía difícil a aquellos toscos y algo primitivos judíos de entonces, aceptar algo así; sobre todo de un Dios que creían guerrero poderoso, combatiente, juez severo y celoso. Aún a nosotros, dos mil años después, cuando lo analizamos, lo vemos como algo increíble.
¿Porqué lo hizo? ¿Qué es tan valioso para el único Dios, que ameritara y fuera razón suficiente para este monumental sacrificio? Esto es otra de las maravillas que el ser humano, se le hace difícil concebir y menos comprender.

 Y fue el precio, lo que pagó con sangre inocente; un hombre sin falta, bueno, generoso, caritativo, misericordioso, majestuoso, lleno de un poder avasallador que usó para el bién y la caridad, pero nunca en su propio beneficio. Un hombre que se dio hasta lo último por sus amigos; que derramó su sangre hasta la última gota. Un Hombre que sentía, padecía y gozaba como todos nosotros...sin duda uno más entre nosotros. Pero ese hombre era también “El Dios-entre-Nosotros”. Un Dios que por bondad, ya había anunciado que esto en efecto ocurriría.

 Muchos por eso lo esperaban...y profetizaban de su ocurrencia. Pero no así...no un ser tan manso; tan cordial y bueno. Tan dado a todo lo que no fuera poderío o que implicara poder jerárquico sobre otros. No así...como un rey que viene a servir cuando todos los que el hombre conocía o había conocido, se imponían por la fuerza, avasallaban y ejercían Jerarquía sobre ellos. No así... nacido tan pobre, en un mísero y apestoso pesebre de cueva, muerto de frio, entre animales comunes, en vez de cortesanos resplandecientes. No así...un Dios que lloraba y se compadecía con nosotros, que compartía el sufrimiento de la enfermedad, física y espiritual. Un Dios que le daba hambre, sed, que se regocijaba de estar con gente humilde, cuando era Rey y dueño del Universo. No así.. como un Dios que comía con gente baja, con pecadores y recaudadores de impuestos. No así... un Dios que le hablaba a la mujer y la consideraba y la aceptaba en su entorno, como uno más de sus amigos. No así... como un Dios, sin palacio: “Los pájaros tienen sus nidos, y las zorras sus madrigueras... pero el Hijo del Hombre, no tiene donde recostar su cabeza” – dijo un día. No así... como un Dios renuente a que se le viera como un caudillo liberador de los romanos, cuando ciertamente, hubiera levantado a todo el pueblo en su contra. No así... con un Dios que le lava los pies, sucios y polvorientos de sus amigos.
 
Y es que mis amigos...este hombre, no vino como jerarca, no vino a acabar a los romanos o a ningún otro grupo de hombres. No vino pues, a juzgar y lo dejó claro... Vino a dar vida eterna, y que la tuvieramos en plenitud. Vino a sanar a los que necesitaban de sanación; a perdonar al humilde de corazón, a abrazar hasta a sus enemigos; a quienes perdonaba de corazón; aún cuando lo abofeteaban, le clavaban un manojo de cardos espinosos en su augusta y hermosa cabeza, aún cuando lo pateaban en el piso; lo escupían y luego. le metieran cuatro burdos clavos de hierro en sus benditas manos y en sus venturosos pies, Abrió inclusive su costado a la punzante lanza del verdugo y allí, alzado en lo alto, crucificado en aquel tosco madero, llegó hasta perdonarlos a todos incluyendo al que también crucificado a su lado, le pidió clemencia. Y en Dimas, también nos perdonó a todos nosotros.

Por no ser lo que esperabamos... por no haberlo nunca entendido, por no creerle cuando habló, y haberlo incomprendido en su “Visitación”, lo crucificamos como si hubiera sido un malvado un despreciable hombre pecador, cuando era la misma Majestuosidad, El Poder y Amor de Dios por nosotros a quien se clavaba en ese madero. Una verdadera monstruosidad...suficiente y justificada para que se sus ángeles nos hubieran destruido todos

Pero no... ese a quien no pudimos aceptar, por el contrario, allá arriba dijo: “ Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ESE MIS HERMANOS ES EL MAS BELLO REGALO AL HOMBRE.

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