Son muchas las historias sobre los trapiches de molienda de caña de azúcar y de sus dueños en Puerto Rico. Algunas muy interesantes por cierto, y otras, trágicas y muy tristes. Es que la caña de azúcar, rigió por así decirlo, los destinos de nuestra Isla por siglos. La caña fue el centro de la actividad económica y hasta social de nosotros, hasta bien entrada la segunda mitad del Siglo Veinte. Por lo tanto, al ser así, naturalmente, su desarrollo, logros y malogros, determinaba el acaecer social del pueblo donde enmarcaban. Sus dueños, también eran bamboleados por los aires de la caña. Esta es la historia de una de esas operaciones, pero la presentaremos como corolario a otra ya cubierta en este magazín: “EL Marqués de la Esperanza”. También será ésta, una presentación lo más gráfica posible.
EL “trapiche”, como se le denominaba originalmente desde los tiempos coloniales, fue pasando una transformación física en cuanto a su estructura funcional a medida que transcurría el tiempo, y las cosas tanto en la Isla como en el viejo continente, iban cambiando. Por un tiempo, mientras su operación era controlada por un individuo, o tal vez una familia, solo se hablaba de “Trapiche”: EL Trapiche de los González o los Menas, de zutano o magano. De esta manera, se vivió donde este fenómeno era aparte de una operación agrícola, también un centro para el encuentro social. Primeramente dentro aquellos que de una forma u otra, dependían del trapiche y éste de ellos y luego, la sociedad del pueblo en general.
Un ejemplo esto, lo pueden encontrar aquí en mi cuento; “El Broche” y el “Marqués de la Esperanza”. Luego, cuando el trapiche dio paso al “Ingenio” y a la “Central Cañera”, se convirtió en un centro social no solo para el pueblo donde estaba enmarcado, sino para toda la comarca. “La Guánica Central”, es un ejemplo de lo que estamos hablando. En los amplios salones de sus Casinos y Clubes, luego con los norteamericanos, se daban suntuosos bailes y actividades sociales de todas clases. Hay toda una historiografía sobre lo acaecido en los diferentes bailes de la Guanica Central.
EL vocablo: “Ingenio”, viene como una aplicación u observación de lo novedoso que iban convirtiéndose estos “trapiches”. Del uso de fuerza humana esclava o animal para mover la muela y trapichear la caña, iban adaptando otro tipo de maquinaria, como es el caso del Trapiche “La Esperanza” en Manatí, objeto de esta historia, donde se introdujo para fines del Siglo 19, una máquina de vapor para mover los herrajes y la muela. Esta máquina en sí, es objeto de muchas historias, muchas de las cuales, todas verídicas, están incluidas en mi novela: “La Mulata”. Hay una sinopsis de la misa aquí en este magazín.
Por un cierto tiempo, se usó indistintamente el vocablo: “trapiche”, o “ingenio”, paras describir la operación de producción de azúcar hasta que con el advenimiento de la Guerra Hispanoamericana, la entrada de los norteamericanos en Puerto Rico, en las actividades cañeras, allá para el 1898, las cosas dan un giro vertiginoso. EL Ingenio y el trapiche se empieza a llamar: la “Central”. Esto se debió a que los intereses norteamericanos empezaron a adquirir terrenos a diestra y siniestra, Sobre todo en la parte Noreste, Sur y Sureste de Puerto Rico. Por razones que pueden ser estudiadas más luego, los valles del Norte de la Isla, no fueron incluidas en sus operaciones. Por el contrario, estas centrales del Norte estaban casi invariablemente operadas por intereses enteramente locales o de puertorriqueños.
¿Por qué esto de Centrales? La razón es que a medida que estos intereses iban adquiriendo trapiches e ingenios ya establecidos desde años, iban a su vez centralizando las operaciones en un solo molino. “Mano Manca” en Caguas, es uno de estos casos. En el valle del Turabo, donde está localizado el pueblo de Caguas, todavía se pueden ver las chimeneas de los antiguos trapiches puertorriqueños. Todos, poco a poco, fueron dejando la molienda en sus facilidades para llevar sus cañas a “Mano Manca”. La Central, un consorcio Francés, era el centro de acopio y molienda para los llamados “colonos” que era como se llamaba a los productores de caña que molían en una Central.
De todas formas, la “hacienda” o el “Plantation” fue hasta no hace tanto, el eje que movió la economía de todo el Caribe. Hay que acordarse de que el trapiche, no solo producía azúcar, que era casi en su totalidad morena, sino que además, sacaba muchísimo ron en sus alambiques que era el término usado para describir el equipo que se utilizaba para destilar el ron y además, producían melaza que también se exportaba. Tanto esto, como la azúcar morena o moscada, eran luego mandados casi en su totalidad, a España. Este comercio se hacía a través de agentes por el puerto de Sevilla y era la Casa de Contratación Sevillana, quien la comercializaba. Así fue casi hasta el final de la colonia española en el Caribe.
Un aspecto desafortunado de este comercio y que en cierta medida fue creando una actitud anti española, se refiere al sistema de pago por los comercializadores y agentes a los productores locales. Esto funcionaba así: un agricultor puertorriqueño, digamos, iba donde un señor o una institución en su pueblo que se llamaban: “Sociedades Agrícolas”, que fungían de banco agrícola. Esta gente, le adelantaba al agricultor un dinero o las especies, semillas, aparejos y unos vales para comprar otras cosas en sus tiendas; claro hasta el monto de esa “refacción” que era como se llamaba a esa transacción agrícola. El agricultor, sembraba ese año y en febrero, empezaba el “corte” y la “zafra. Toda su producción estaba pignorada, que es lo mismo a estar hipotecada a la Casa de Sociedad Agrícola.
EL agricultor le entregaba su producción de caña, rones y tabacos a la Sociedad Agrícola quien era forzadamente, su agente. Este le daba unos papeles de conduce donde se exponían las condiciones de la transacción de agencia en la venta de esos rubros. Claro, todo ligado al negocio o refacción original. Así pues, el agente recibía la mercancía, y en el caso de la comarca de Manatí, la hacía conducir, originalmente y hasta los años treinta del siglo veinte, en carromatos tirados por bueyes hasta el Puerto de Palmas Altas, en jurisdicción hoy de Barceloneta. De hecho, ese muelle, en amplio estado de deterioro, todavía puede ser visto en dicho sitio. Para que tengan una idea más cabal, pueden leer algo más de este Muelle en mi novela: “La Mulata”. Casi toda la mercancía que transportaba esta goleta: La Mulata, salía de “Palmas Altas”. De todas formas, la mercancía llegaba hasta allí en barricas o toneles de madera, generalmente de Roble, Ausubo u otras maderas duraderas. Era embarcada hasta los bergantines o Goletas fondeadas allí y entonces, conducidas hasta Sevilla.
La casa de contratación que servía como de Lonja, la recibía otra vez a través de un señor que también era afiliado a la Compañía o Sociedad Agrícola de Manatí. Bueno, entonces, la mercancía se vendía y liquidaba en términos de Pesos Macuquinos. Con el nombre de "macuquina" se conoce en América Latina al tipo de moneda acuñada toscamente en forma manual y a golpes de martillo, método utilizado ampliamente desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII. Existen diversas opiniones del origen de la palabra, uno de ellos es que proviene del vocablo árabe "machuch" (aprobado o sancionado) otros que proviene de la palabra "macaco" un término despectivo para referirse al poco atractivo de estas piezas.
Esta transacción era descontada; es decir que en vez de usar la moneda corriente o el Peso Fuerte, se le emitía pago al agente de Puerto Rico en esta otra moneda de inferior valor. Pero eso no era lo único que adversamente afectaba la transacción, sino que también, el precio de la azúcar o rones, etc., era también controlado por la Casa de Contratación de Sevilla, y de cierto que no lo iban a hacerlo en su contra.
EL costo del transporte, seguros etc., también era descontado del precio obtenido, de manera que para cuando por fin llegaba la Liquidación a Puerto Rico y la Casa Agrícola, llamaba al agricultor para liquidar la refacción original, lo obtenido como precio había menguado significativamente. Cuantas veces, el precio obtenido no daba para tan siquiera pagar el adelanto o refacción con la Casa Agrícola. Muchas de estas veces, hubo el agricultor que vender tierra para poder liquidar y cualificar para el próximo año con otro contrato de refacción con la misma gente.
En Manatí estas casas de refacción agrícola, fueron poco a poco quedándose con las mejores tierras del valle. Otras veces, esas tierras así obtenidas, eran vendidas para ser agregadas a otros grandes terratenientes como el Marqués de la Esperanza. De modo que, para fines del Siglo 19 y antes de la Guerra Hispanoamericana, debido a estas prácticas y el desplome del precio del azúcar, la mayoría de los Trapiches en Manatí habían desaparecido y lo mismo se puede decir de otros pueblos.
El Jaque Mate lo proporciona el latifundio instituido posteriormente por los grandes consorcios norteamericanos y franceses en Puerto Rico. Hoy no existe ni uno solo y las centrales y operaciones cañeras, de igual forma, han cesado totalmente en Puerto Rico. Su causas, etc., es motivo para otros relatos.
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