La Carta Autonómica de Puerto Rico, corresponde a un período de tiempo en la Isla, donde el gobierno español de los tiempos de la Reina María Cristina, luego de años de luchas por una serie de personajes políticos, liderados por Muñoz Rivera –padre de Luis Muñoz Marín—allá para el 25 de noviembre de 1897, le concedió a la isla de Puerto Rico, por Real Decreto, autorización para la formación de un gobierno de carácter autonómico. Esto, aunque no del todo exacto, equivale a lo que hoy se vive en países como Canadá, Australia, y algunas repúblicas bajo la egida del la Unión Sovietica.
No hay mejor libro para entender lo de este período de la historia de Puerto Rico que: “Remigio”, la Autobiografía de Ángel Rivero, puertorriqueño, que la vivió y la sufrió en ambos lados de la línea soberana. En él, nos cuenta la realidad de aquellos días; sus instituciones, personajes, conflictos, el sistema colonial español contrastado con el norteamericano. Los partidos políticos… en fin, la madeja de que está hecha un pueblo, como éste: en convulsión, agite y transición. Es esa geografía humana tan bien relatada por Rivero, la que logra pintar el cuadro del Puerto Rico del 1880 al 1935, y sobre todo, el aspecto humano: la reacción del hombre de la calle, el político, el comerciante, los de sociedad y el pitiyanqui; ante el trauma que inevitablemente conllevó es episodio.
Y pasó que para aquellos días, luego de luchas y sacrificios considerables, por décadas, se logró lo que para Puerto Rico, representaba su primera oportunidad de gobierno propio y por su propia gente. Lucha que se remontaba allá para los años 1870, cuando comienzan los puertorriqueños a conocer el sistema de partidos políticos. Las dos tendencias que conocemos el Liberal y Conservador, entrarán en pugna por el resto del siglo, que irónicamente llega hasta nuestros días. El primero se le identifica como los promotores del cambio a base de una fórmula autonómica y el segundo abogará porque no haya cambio alguno, o sea, status quo. Luis Muñoz Rivera, sería la figura central en todo el proceso que culminó el 25 de noviembre de 1897, con el decreto de la "Constitución Autonómica para Puerto Rico". Aparte de firmar otros decretos, entre ellos el que extiende a Puerto Rico el Título 1ro de la Constitución (que concedía libertades) y la Ley Electoral de 1870.
Ahora bien, ¿qué concedió la Carta Autonómica a los puertorriqueños? Primero, otorgó una verdadera representación política con dos cámaras legislativas electas: la Cámara de Representantes y el Consejo de Administración. La Cámara era electa en su totalidad, mientras que el Consejo, de quince que componían, ocho eran electos; así que los puertorriqueños dominaban la Asamblea Legislativa. Para poder ser electo consejero, había que nacer en Puerto Rico o residir en ella cuatro años antes de su elección, a parte de tener una renta no menor de 4,000 pesos. Mientras los representantes se le exigía el primer requisito y el segundo se obvió.
Esta Asamblea Legislativa tenía facultades para: legislar y atender todos los asuntos coloniales. A saber: hacienda, presupuesto, agricultura, industria, comercio y obras públicas. Lo más importante de esta reforma es que se concedió la facultad de negociar tratados de comercio con otros países, aunque expresamente se daba la iniciativa tanto al Gobierno Local como al Central, esto aprobado por las Cortes (Artículo 37). Los Tratados de Comercio Internacional, donde no haya intervención del Gobierno Insular, se comunicará a este último para si desea o no unirse al mismo. Si es aceptado, entonces es ley (Artículo 38).
La función del Gobernador es ser el representante máximo del Reino español. Este atenderá los asuntos de España en la Isla. Sus poderes se limitará a hacer cumplir las leyes promulgadas por la Asamblea Legislativa de Puerto Rico. Gobernará con un Gabinete. Formarán ese Gabinete Autonómico los secretarios de Gobernación, Gracia y Justicia; Hacienda; Instrucción Pública; Obras Públicas y Comunicaciones y Agricultura, Comercio e Industria, todos de nueva creación. La Carta Autonómica le concedió amplios poderes a los gobiernos municipales isleños. A pesar de que ésta era la máxima expresión de autogobierno que podía alcanzar una colonia en relación con la metrópoli, la misma no pudo ponerse en vigar en toda su extensión en la Isla, debido a los acontecimientos de la guerra con los Estados Unidos que estalló en un mal momento para los puertorriqueños. En marzo de 1898 se procedió con la elección de la Asamblea Legislativa, obteniendo un triunfo amplio Luis Muñoz Rivera y su Partido Liberal Autonomista.
Desafortunadamente, a pesar de todo esto, y de haber estado Puerto Rico, neutral en el conflicto entre España y los Estados Unidos, las cámaras apenas pudieron reunirse, y el Gabinete no pudo llevar a cabo su gestión prescrita en la Constitución. La Isla cayó en manos estadounidense en julio 25 de 1898. Vea: Los Antecedentes de la Guerra Hispano American en esta edición del HispanoMagno.
Fue un verdadero abuso; desde el último ataque inglés, en 1797, la isla de Puerto Rico no se había afectado por ningún otro conflicto bélico, hasta que se desató la Guerra Hispano-cubano-norteamericana. En el mes de mayo ocurrió el primer ataque a la Isla por parte de los Estados Unidos. El almirante William Sampson bombardeó la ciudad de San Juan, con once barcos, por casi tres horas. Aunque este ataque no ocasionó grandes daños materiales, ni muertes significativas, sí logró crear un ambiente de terror entre los ciudadanos. Los civiles huyeron de la ciudad, luego del ataque. El miedo, el hambre y la miseria se apoderaron de Puerto Rico. La Isla no estaba segura ni contaba con la fuerza militar para defenderse.
Para Puerto Rico no fue fácil desprenderse de una victoria política como significó la Carta Autonómica. El júbilo de aquel 25 de noviembre de 1897, hace cien años, duró poco. "A comenzar de nuevo", dijeron los puertorriqueños que el 18 de octubre de 1898 observaron bajar la bandera española y con ella el fin de la autonomía. La Carta Autonómica tiene un gran valor histórico. En aquella ocasión lograron mayores libertades políticas y económicas. Hoy se debe recoger aquellas gestas para definir con certeza las aspiraciones mayoritarias del país. La Carta Autonómica, a cien años de su instauración.
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