“”Una Fe Del Tamaño de un Grano de Mostaza”
Por Rafín Rod. Mena
ntonces los apóstoles le dijeron al Señor: ¡Aumenta nuestra fe!" --"Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza"-- les respondió el Señor-- "podrían decirle a este árbol: 'Desarráigate y plántate en el mar', y les obedecería" Lucas XVII:5-6
¡Asombroso, que una fe tan pequeña como la semilla de la Mostaza, pueda mover y desraizar un árbol! Un grano de mostaza es en realidad algo muy pequeño; es tal vez, para que tengan una idea, del tamaño de la cabeza de un alfiler, o un poco más. Algo, si vamos a ver, insignificante, irrelevante. Uno francamente hubiera esperado que le dijera que la fe requerida tenía que ser del tamaño de un elefante o algo, caramba, más grande. ¿Pero un grano de mostaza?
Dios y su Cristo no mienten; por lo tanto, una aseveración de esta magnitud salida de la boca de Dios mismo--sí, porque Jesucristo es el Verbo, el comunicador de Dios Creador -- merece total credibilidad. Y, siendo Él, también Dios, puede aseverar con total autoridad una cosa como esa y algo más. A menos que haya dicho eso en sentido figurado y simbólicamente y para aquellos tiempos y ya, no tienen vigencia, dos mil años después. Pero...aún dentro de ese contexto, quiere como quiera decir que la fe requerida para mover a Dios no tiene que ser grande sino verdadera. Y lo de verdadera lo estoy añadiendo yo. Por eso: ¿Qué es una fe verdadera? Es un tema, desde luego, para ser abordado también.
“...En verdad, en verdad os digo, que quien cree en mí, ése, hará las obras que yo hago.” Juan XV:12. Esto es aún más asombroso...nos equipara en poder a Sí mismo. Nos rinde concurrentes con su poder si creemos en Él. “Y cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré, a fin de que el Padre sea glorificado en el hijo.” Juan XV: 13.
He reflexionado sobre esto muchas veces, y no solo yo, sino otros amigos y amigas también, cuando nos hemos congregado. Merece un momento de silencio...de recogimiento. Una cosa como esta, no es algo que podamos acometer y menos explicar a la ligera. Sobre todo porque entonces, tendríamos que deducir, que por ahí, la fe que abundaría no sería del tamaño del grano de mostaza. Si fuera al revés, ya estaríamos viendo a cada torcer del cuello, sendos milagros, algunos hasta muy espectaculares. ¡Imagínese ver todos los días a dos o tres arboles, volar por los aires y caer cerca del Morro en el mar! Sin embargo, eso no es lo que vemos. ¿Qué falta? ¿Qué elemento entonces, nos ha aludido en esta ecuación? ¿Qué es lo que no hemos entendido, o nos falta por comprender? Porque, no está claro en que contexto el Señor, hizo esta interesante manifestación del “grano de mostaza”. En otras palabras, que lo motivó a decir eso, más allá de la petición de sus discípulos; sobre todo, cuando solo estaban hablando del perdón. Tal parece no haber una conexión entre los dos discursos. ¿Qué le pasó por la mente del Señor para hacer esta aparente extemporánea expresión? Tal pareciera, más bien una de esas enumeraciones que hacen los Evangelios Apócrifos de dichos y sentencias de Cristo; inconexas entre si, sin orden o propósito. Pero no... para Jesucristo, cada una de sus palabras y expresiones, eran para toda la eternidad, y dichas con la mayor deliberación, intención y congruencia...ya lo veremos luego.
Me parece que debo traerlos a una reflexión inicial, antes de seguir, que como verán, aportará un cierto elemento necesario, a esta ecuación e interrogante ante nos. Es verdaderamente una pregunta; algo sardónica pero no mal intencionada. La pregunta es: si todos teniendo la “verdadera fe de un grano de mostaza”, y pudiendo conseguir de Dios todo cuanto necesitáramos, que pasaría en nuestras vidas, y la de aquellos que nos rodean? Presumiblemente, solo entonces, los cristianos, aquellos que si tienen esa “fe verdadera del tamaño de un grano de mostaza”, tendríamos salud, una buena casa, un buen trabajo, dinero en el banco, llegaríamos a ciento cincuenta años de edad, no se nos caería los dientes, etc., pero en nuestro entorno, solo reinaría la miseria, el dolor, la vejez, la pobreza,...en fin el caos, de los que no tienen esa fe. Y tal parecería que Dios y su Cristo, es para unos pocos bien venturados. Y, no fue así, ni es así. Dios llueve sobre todos y sobre todos sale el Sol y hasta las tormentas, y más grandes calamidades naturales. Dios es padre de todos y por todos se inmoló su hijo y para todos es la Palabra y sus promesas.
¿Entonces que hay de esa promesa? De ese ofrecimiento de Jesucristo de apoderarnos con sus mismas virtudes, con sus mismos poderes. ¿Porqué no vemos esto en la inmensa mayoría de la gente en nuestras comunidades?
No será que en nuestras expectativas nos queremos, sin darnos cuenta, adueñar de Dios, y fallamos en ver, que en cualquier situación, hay mucho más ingredientes envueltos que el mero “yo”. Que existen otros... otras personas en nuestro entorno, y aún, fuera de él. Y por encima de ello, existe todo un Universo de causas y efectos, que son del “Plan de Dios para su Creación”. Por eso, en cualquier situación, por más dolorosa que sea, por más perplejante que pueda resultarnos, hay envuelto siempre un mar de factores más allá inclusive, en cuanto a causas y efectos, que se enmarcan en esa calidad Divina del tiempo eterno. Porque Dios, por ser eterno, puede ver en un contexto, imposible tan siquiera imaginado, por el humano. Nosotros, tenemos unas limitaciones en cuanto a nuestra comprensión de las cosas, en extremo simplificada y limitada. Todo lo vemos en términos de momento en vivimos, del entorno en que vivimos, del círculo de personas que nos rodean, y de las circunstancias personales de cada uno de nosotros. Dios tiene esa potencialidad de verlo todo, más allá de esos factores. Toma en cuenta eso y mucho más; y encima, proyecta su respuesta dentro de un círculo amplísimo de consideraciones.
¿Qué falta en esta ecuación? Conozco hombres y mujeres de unos corazones extraordinarios, buenos, religiosos, con unos sentimientos hacia Dios, que dan la impresión de ser una de esa fe, tal vez, aunque sean del tamaño de un grano de mostaza. Los he visto caer en desgracia, en serios problemas y dolencias, orar y constantemente, y...nada; nada sucede, no hay milagro, no hay ese “arrancar el árbol” y este tirarse más allá aunque sea cerquita.
Algunos entonces, han hasta perdido la fe en nuestro Señor; otros se han llenado de explicaciones espurias, infantiles, vanas, como:”Es una prueba que Dios nos ha mandado”. “Es la voluntad de Dios”; etc., etc.
Entonces, que está fallando? ¿Qué pasa que Dios entonces “no responde”? ¿Qué es en realidad, una fe tan pequeña “como un grano de mostaza” que puede hace prodigios? Esa que Dios “si entonces, va a oír”.
Los cuatro remanentes versículos, tampoco aparentemente, ayudan mucho. En “Lucas XVII: 7-10” el Señor les habla de la relación entre lo que se debe por obligación y se espera como quiera y aquello que se da más allá – digamos—“de la línea del deber”. Pero esto, me parece, no nos ayuda mucho tampoco.
Habrá que seguir buscando ese elusivo factor que añadido a la fe del tamaño de un grano de mostaza, logra el prodigio y la respuesta de Dios.
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación".
Y les dijo aún más: “Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche para pedirle: <Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle>. Y, desde dentro, el otro le responde: <No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos>. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? O si le pide un pez, ¿le dará una serpiente? O si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? Lucas XI:1-13
He aquí, ya vamos encontrando aquellos otros factores, que añadido a “la fe del tamaño de un grano de mostaza”, logra el milagro. Sin embargo mis hermanos, no se trata todavía, de estos otros factores o condiciones nada más. EL Señor en estos versículos de Lucas, sobre todo, la última oración, como que sigue pre condicionando la oración, y nos revela unas sutilezas adicionales. Fíjense ustedes: “¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden? ¿Donde, en este acto de oración, según expresado en los versículos anteriores, entra como un sequitur , o como un resultante, esto de:“...dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”? Da la impresión, que el escritor de este pasaje, se le quedara una oración que une lo que viene diciendo primero, con esto último. Pero no... no es así, Nos quiere indicar, que hace falta en una oración de súplica, de petición, que ese abogado nuestro, ese Paráclito , que es el Espíritu Santo, intervenga por nosotros. Romanos 8:26, se dice: "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles." Y sigue diciendo en: Romanos 8:27 "Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos."
Así pues, toda oración a Dios Padre, ha de ser asistida por el Espíritu Santo, que es el que sabe lo que nos conviene. Como se puede ver, mis hermanos, hemos caminado juntos un cierto tramo que nos ha demostrado, cuan completa, y cuales son las condiciones, para que una petición levantada al Santísimo, pueda ser atendida por Él.
En la petición de: “auméntanos la fe”, el señor indica que no ha de ser muy grande (no más del tamaño de un grano de mostaza). Luego en Lucas, nos dice “lo que pidáis se os dará, es promesa de mi Padre”. “¿Qué hijo que le pide pan le dará una piedra?” Esto nos indica que oremos con esperanza.
Luego prosigue y dice que oremos con insistencia. “...Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
Que oremos con confianza: “...si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite”.
Y el factor más importante es el; siguiente: EL orden en que se pide y se ora. La intención prioritaria en la oración. “Enséñanos a orar le pidieron”. Y Él, les contesta: digan así: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino”. Por eso, oremos con la propia perspectiva, es decir: primero, reconozcamos que ante de cualquier oración o petición, se requiere que se acepte que ha de estar de acuerdo con la “intención de Dios”; de acuerdo “con su reino”. No podemos pedir algo que esté fuera del contexto del plan de Dios para nosotros y el resto de la humanidad. Esto, naturalmente no lo sabemos, pero si podemos y tenemos que reconocerlo ante Dios. Entendamos que Dios da lo que nos conviene. Si lo que nos conviene está dentro del plan Suyo para este mundo nuestro.
Al orar, tenemos que estar en unas condiciones determinadas. Por eso cuando nos enseñaba a orar, dijo: “..., perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo”. Si no estamos bien con nuestro prójimo, no podemos acercarnos al altar de Dios con peticiones. Esto en si, está más que confirmado y afianzado en otro versículo de los Evangelios:
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu mente. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". Mateo XXII: 34-40.
“Amar el prójimo como a ti mismo”... Se deduce que para acercarnos a Dios, tenemos que tener unas condiciones determinadas. Tenemos que estar de buenas con nuestro prójimo. Y sabemos que prójimo es el que necesite de nosotros sin importar raza, credo, condición, etc. Y sobre todo, tenemos que hacerlo, “como nos queremos a nosotros mismos”. Podemos deducir de esto último inclusive, que tenemos que estar en paz y en armonía, con nosotros mismos, si vamos a querer ese prójimo de esa manera.
Porque, no es clamar y pedir; vuelvo y repito, es como se pide, y en las condiciones que estamos los unos con los otros, cuando pedimos. En Mateo VII: 21-27, nos da el Señor esta tónica: “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: ¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad! Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.
He aquí otro más de los elusivos factores que estamos buscando, para añadirlo ”al grano de mostaza”.
“...Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermana o tu hermano tienen algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar. Y ve, reconcíliate primero con tu hermana o tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda” Mateo V:23 y 24. Tienes que estar bien con tú prójimo para acercarte al altar de la Petición y de la Ofrenda, Son manifestadas condiciones, factores que tenemos que tomar en cuenta.
No era, como es evidente, tan sencillo esto de pedir con la “fe de un pequeño grano de mostaza”. Y aún, como todo lo demás, cuando hablamos de Cristo, y citamos los evangelios para afianzar esta, o aquella otra doctrina, hemos de tomar en cuenta el todo, y no meramente uno que otro versículo, sacándolo de contexto.
Ya hasta aquí, podemos adelantar una tesis primaria y ponerla en orden Divino. Como ha de ser “la fe que puede mover un árbol y replantarlo” y hacer prodigios:
Una Forma de Orar con la Fe de Un Grano de Mostaza
Primero: Ha de estar de acuerdo con lo que nos conviene que es de acuerdo al plan de Dios para Nosotros y “su Reino”.
Segundo: no tiene que ser necesariamente muy grande (no más el tamaño de un grano de mostaza).
Tercero: Hay que orar con esperanza de que, de hecho se dará.
Cuarto: Orar con confianza, aquella que confía que eventualmente, se dará aunque tarde. El tiempo de Dios no es el tiempo de nosotros. El tiene que armonizarlo todo y con todos, y para siempre, para poder darte.
Quinto: La oración pedirá lo necesario, solamente lo necesario.” ... danos cada día nuestro pan de cada día”. NO dijo el Señor: danos pan; mucho pan, cosa que lo podamos guardar para el mañana. Sabe que el pan en demasía, se daña como se daña en hombre que lo tiene todo.
Sexto: Has de estar en paz contigo mismo. Si tienes amarguras en tú corazón, te abate la codicia, la mentira, la lujuria, la baja estima, etc., tienes que llegar a términos contigo mismo, ponerte en paz interior... buscar ayuda, confesarte y reconciliarte con Dios. Los disturbios psíquicos o espirituales, se ha visto que levantan una determinada barrera para la comunicación con Dios; amén que rinden al hombre vulnerable al Maligno.
Séptimo: Has de estar en paz con tu prójimo. Si no lo estás, no puedes acercarte al altar de la Petición o de la Ofrenda.
Octavo: Levantar nuestra oración, nuestra petición, para que el Espíritu Santo, escudriñe nuestro ser, todas nuestras circunstancias, y sabe lo que nos conviene en relación a los demás, y al Plan De Dios, para interceda por nosotros ante el Padre.
Corintios 2:10-16 "Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos
la mente de Cristo.”
SOMOS TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO
1 Corintios 3:16 "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en
vosotros?"
Corintios 6:19 "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?"
Como se Debe Orar Según Jesucristo
Cuando vayas a orar, entra en tu cuarto y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allá, en lo secreto...” Mateo VI:6. Ora en silencio, en secreto, contemplando al Padre. No ores como los fariseos en las sinagogas, o en las esquinas de las plazas, para ser vistos de los hombres “«Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, que prefieren rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea todo el mundo. Os aseguro que ya recibieron su recompensa ( Mateo VI:5 ). No hace falta muchas palabras...Dios lo sabe todo. No es necesario largas y complejas oraciones, repetitivas y banales, que sirven más para oírnos y para que nos oigan que para que Dios se apiade de nosotros.
En aquel tiempo: Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo para orar; uno era fariseo, y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!” Os aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». Lucas XIII: 9-14)
Fíjense mis hermanos, que la postura que más le gustaba al Señor, no es la rimbombante, extemporánea, alborotosa, con las manos que se nos van a salir de los hombros. La postura debe ser todo lo contrario: tranquila, en silencio cuando estamos solos y cuando estamos en comunidad: uno de los miembros llevando la plegaria en forma sencilla y los demás callados oyendo y reflexionando sobre su contenido y haciéndola suya.
Usted puede orar como quiera, pero hay una que mas le gusta a Dios. De eso no hay dudas..no lo digo yo, lo dice ÉL, que es dueño de todo.
Ante todo lo dicho, nos queda casi a la fuerza reconocer, qué completa, santa, buena y sobre todo, misericordiosa es la “Justicia” de Dios. Es éste, un Dios cuya esencia, que mejor lo describe, es la Misericordia. Esta palabra a la que nos hemos acostumbrado a oír tanto, y practicamos tan poco, pierde significado si no la ponemos en perspectiva con lo que sabemos de Dios, según revelado por su hijo Jesucristo, lo que ha pasado y viene pasando en el Mundo. La misma palabra, que viene del Latin: “Miser : o desdichado, y de: “cor”, o corazón, refleja su significado. Ha sido y es el corazón, el destinatario de todo lo emocional, bueno o malo en el hombre. Claro que es sentido simbólico, porque si fuéramos a ponernos científicos, estaríamos hablando más precisamente del Cerebro. Donde se guarda todo lo concerniente a memoria y emociones, etc. Por lo tanto, misericordia de Dios significa esa esencia Divina tan manifestada a través de los milenios, empezando con la creación del Hombre, su Redención, la visitación de Dios, la Resurrección, Reencarnación y la vida eterna con Él en “su casa”.
Y como si fuera poco todo esto, nos enseña como acercarnos a ÉL. Por favor, no perdamos de vista algo que es crucial: este Ente, esta fuerza consciente, omniinteligente, omnipresente, Ominipoderosa, es el creador de un Universo tan inmenso, tan perplejante, con esas estrellas, Soles, planetas, galaxias, etc., es a quien nos vamos a acercar. Algo de por sí, sobre recogedor, es también omnimisericordioso.
No hay que mirar nada más que por un telescopio, para darnos cuenta de la increíble maravilla que es ese espacio que no tiene fin, con tanta energía inmensa, tanta luz , tan tenebroso eso. Los astrofísicos, lo estudian, lo calculan y lo entienden muy poco. Según Einstein, solo conocemos menos del 4% de universo. Los astrofísicos teóricos, como Peter Higgs, Robert Brout y Francois Englert y Estephen Hawking, todos han llegado a conclusiones paralelas o iguales: hay una fuerza creadora primaria, cuya particularización, después del “Big Bang” --aquel momento del comienzo de la Creación Universal, igualmente descrito por Génesis—tiene que por fuerza haber salido de “algo”, “alguien” o de “algún sitio”. Le llaman algunos de ellos: “El Motor Primario”. Pueden, y han logrado, entender y hasta calcular, cuando fue que sucedió, que pasó etc., pero no pueden calcular o entender que existía, o es esa fuerza, o Motor Primario, al que tan torpemente llaman, antes del Big Bang.
O como lo plantea Higgs y su famoso Boson: la partícula indivisible, sin peso o cálculo, aquella primaria que a duras penas, llamó el “Atomo Dios”, de donde, y qué causó que esa partícula en un momento determinado (La Llaman el Segundo Cero de la creación), se apareciera en el espacio y empezara su obra de Creación astral; eso no lo pueden entender.
Esa Fuerza, ese Motor Primario, llamamos nosotros Dios y ha visitado su creación a través de su encarnación para comunicarse con sus creados y darle orden al caos, igual que da orden a sus astros. A ese es que nos dirigimos. Por fortuna, nos ha enseñado como hacerlo, y solo requiere que lo hagamos con la fe tan grande como un grano de mostaza.
Bendito seas Ho Dios Todo poderoso también Todo Misericordioso.
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