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HISPANOMAGNO

Por Rafin R. Mena

Los Milagros

¿Cree usted en los milagros?....si-- responderá, estoy seguro con toda posibilidad. Algunos hasta estarán convencidos profundamente de esto; otros...tal vez los más, creerán, pero con ciertas coletillas. Habrán por el contrario, otros, que ya casi los veo, con esa sonrisita media burlona de sabia y “misericordiosa” aquiescencia, levantar las cejas en señal de negación. Sea como sea, es un tema mis amigos, que tiene más debajo de su cubierta, de lo que es para nosotros, este misterio de Dios.

No hace más de un par de días, tuve una buenísima conversación con uno de esos profundos y sabios amigos. Cristiano por antonomasia, formado, abonado y bien sembrado por la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Hablábamos de muchas cosas y esto de los milagros, salió y se plantó, así, de momento y sopetón frente a nosotros. Creo que nos tomó de sorpresa...acordarse que estamos en el año 2010, y estas cosas, ya están “reformadas”, más yo diría: “deformadas”, en lo que creemos como Cristianos Católicos, en términos de milagros. Digo como “católicos”, porque esto de los milagros, como que está ya zanjado, y resuelto, en otras denominaciones Cristianas. Me conturba un poco que sea así, que ya de hecho, ellos crean tanto, sean tan sinceros en su fe... que sean tan completos y como niños, crean en los milagros. ¡Por eso, es que se dan más entre ellos que con nosotros! ¡No en balde nos dijo el Señor que tenemos que ser como niños para merecerlo a Él y su reino!

Es que tenemos la triste tendencia, no importa el grado de formación, en tomar de las Escrituras, y la “Palabra”, aquello que más se ajusta a nuestra experiencia religiosa. Como si nada, dejamos afuera soslayado, lo que no cuadra o encaja en el formulario nuestro. ¡Que pena tan grande!...!Que desvarío! Somos “auto-infligidores,” masoquistas y verdugos de nuestros males y dolencias. ¡Y...perdemos tanto!

Tan poco voy a decir, o les confieso creer, que todo puede, y es intervenido por milagros. No...porque es evidente, no solo en las Escrituras, sino de la misma vida y experiencias nuestras, que el milagro, cuando se produce, viene acompañado de circunstancias, y de unos elementos, por usar la palabra, que son como esenciales para su producción.

Me decía ese amigo –“si, creo en los milagros.... pero, me sobrecoge el hecho de ver a hombres piadosos, hombres que han llevado una vida sin tacha, dedicada al servicio de Dios y de sus prójimo; hombres de Dios, en todo el sentido de la palabra”, postrado en una cama o sumidos y consumidos por la enfermedad”. No hubiera sido necesario que me lo dijera así, porque también yo, he visto y experimentado el mismo desconcierto. Comparto su misma inquietud, su misma angustia, si se quiere, en imposibilitado encontrar una respuesta a estas cosas. Solo que faltó en aquella aseveración, ese, “algo” que sincera, honradamente y profundamente creo, para estos casos: “Señor... si es tú santa voluntad, y es para tú mayor gloria... cúrame”. “Por sus llagas somos curados”. ES tu promesa y eres toda verdad.

Porque de igual manera y con el mismo desconcierto, hemos visto-- estoy seguro-- también él-- casos y situaciones de otros, que en iguales circunstancias o peores, se han curado, por medio de la oración intercesora de sus hermanos de fe. Es una antinomia esto y rebasa nuestra comprensión. Apunto sin embargo, que porque no lo comprendamos, no por eso deja de tener su explicación. Y es mi hermano o hermana que me estás leyendo, que para Dios todo es posible; pero...a su tiempo y momento, y cuando mejor opere para su mayor Gloria, y provecho para sus creados, y el de la persona que sufre la aflicción. Y eso.... es, de la sola incumbencia del TODO PODEROSO. No por eso, tampoco, sus hijos, tenemos que dejar de pedirle como buen Padre que es, y como nos lo ha indicado, que nos asista en nuestras aflicciones y problemas. Nos lo dijo y reafirmó en aquello de: “¿Que padre que un hijo le pida pan, le dará entonces una piedra?” “Todo lo que pidáis a mi padre en mi nombre, se les concederá”, “Si tuvierais la fe del tamaño de una semilla de Mostaza, les pediríais a la montaña, que se desraizara y se tirara al mar y en verdad lo haría”; ya hasta en la oración del “Padre Nuestro”, vuelve y lo confirma: “ ...y librarnos del mal” ¿Es entonces, acaso una enfermedad algo más difícil que tirar una montaña? ¿No es una enfermedad un mal? ¿O es Jesucristo un exagerado un medio mentiroso? ¿O piensa que aquello, lo dijo por decir, o porque suena bonito. TODO...TODO, lo que dijo Jesucristo, sobre todo en esto, según reportado, en los Evangelios sinópticos, (los que están en concordancias entre si), tiene la certeza y precisión de verdad eterna, que solo puede salir de la boca de Dios en su Cristo.

No es una invención de los escritores de estos Evangelios, de sus traductores o glosadores, para impresionarnos y crearnos falsas y emocionales expectativas, y venirnos con estos cuentos melodramáticos. No..no..no es una mentira, o tan siquiera una media mentira. DIOS NO MIENTE. ¿Si no creemos esto, porqué creer todo lo demás? ¿A caso no sale del mismo libro, de los mismos autores? ¿No es por ellos atribuido al Hijo de Dios? No se puede hacer una teología basada en otras fuentes; en paradigmas humanos, científicos o teologías racionales. “Ya se han confundido esos en otras cosas”. No se puede ser teólogo, fiel creyente y conocedor de la Ley, y hasta la Palabra, practicarla y predicarla, y ser por el contrario, un “ateo espiritual”. Si no lo creemos todo, no creamos en lo particular. Aunque tus ojos te lleven la contraria, tú cuerpo se contorsione de dolor, la sangre te fluya a raudales, y todos te digan embaucador y farafullero...la palabra de Jesucristo es una sola: “Por sus llagas hemos sido curados”.

Te incumbe mi querido hermano, creer en esto.... te dará ese “algo”, que nos falta, que nos aprisiona en esta jaula racional de nuestra mente. Pero que no está completa, no; no.. mientras no la dejes transcender, de elevarse como un pajarito libre y buscar, y encontrar la espiritualidad que nos causa esa perplejidad maravillosa, donde: si lo dice Jesús, es cierto y realizable. Esa perplejidad de los niños antes la maravilla y excitación por un regalo esperado. Tenemos que ciertamente permitir, que esas costras milenarias de nuestra herencia animal, caigan pesadamente, lentamente, poco a poco. Hasta que quede expuesta una piel nueva, el hombre nuevo, el que permite, y aún sin querer permite, que toda la energía sanadora del Dios de lo Alto, penetre. Eso es lo que nos ha dicho que quiere para todos nosotros.

CRISTO SANA Y HACE MILAGROS
Según los evangelios, durante su ministerio Jesús realizó varios milagros. En total, en los cuatro evangelios canónicos se narran veintisiete milagros, de los cuales catorce son curaciones de distintas enfermedades, cinco exorcismos, tres resurrecciones, dos prodigios de tipo natural y tres signos extraordinarios.
Los evangelios narran las siguientes curaciones milagrosas obradas por Jesús:

1. Sanó la fiebre de la suegra de Pedro, en su casa en Cafarnaúm, tomándola de la mano (Mc 1,29-31; Mt 5,14-15; Lc 4,38-39);
2. Sanó a un leproso galileo mediante la palabra y el contacto de su mano (Mc 1,40-45; Mt 8,1-4; Lc 5,12-16);
3. Sanó a un paralítico en Cafarnaúm que le fue presentado en una camilla y al que había perdonado sus pecados, ordenándole que se levantara y se fuera a su casa (Mc 2, 1-12; Mt 9,1-8; Lc 5,17-26);
4. Sanó a un hombre con la mano seca en sábado en una sinagoga, mediante la palabra (Mc 3,1-6; Mt 12,9-14;Lc 6,6-11);
5. Sanó a una mujer que padecía flujo de sangre, que sanó al tocar el vestido de Jesús (Mc 5,25-34; Mt 9,18-26; Lc 8,40-56);
6. Sanó a un sordomudo en la Decápolis metiéndole los dedos en los oídos, escupiendo, tocándole la lengua y diciendo: "Effatá", que significa "ábrete" (Mc 7,31-37);
7. Sanó a un ciego en Betsaida poniéndole saliva en los ojos e imponiéndole las manos (Mc 8,22-26);
8. Sanó a Bartimeo, el ciego de Jericó (Mt 20,29-34; Mc 10,46-52; Lc 18,35-45);
9. Sanó a distancia al criado del centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13, Lc 7,1-10, Jn 4,43-54; Jn 4,43-54);28
10.Sanó a una mujer que estaba encorvada y no podía enderezarse, mediante la palabra y la imposición de manos (Lc 13,10-17). Esta curación tuvo lugar también en sábado y en una sinagoga;
11. Sanó a un hidrópico en sábado, en casa de uno de los principales fariseos (Lc 14, 1-6).
12. Sanó a diez leprosos, que encontró de camino a Jerusalén, mediante la palabra (Lc 17,11-19).
13. Sanó a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, en Jerusalén, en sábado (Jn 5,1-9).
14.Sanó a un ciego de nacimiento untándolo con lodo y saliva, tras lo cual le ordenó lavarse en la piscina de Siloé (Jn 9,1-12).

En los evangelios canónicos aparecen cinco relatos de expulsiones de espíritus impuros (exorcismos) realizados por Jesús:
1. Expulsó a un demonio en la sinagoga de Cafarnaúm (Mc 1,21-28; Lc 4,31-37);
2. a otro en la región de Gerasa (Mt 8,28-34; Mc 5,1-21; Lc 8,26-39);
3. a otro que poseía a la hija de una mujer sirofenicia (Mt 15,21-28; Mc 7,24-30);
4. a otro que atormentaba a un epiléptico (Mt 17,20-24; Mc 9,14-27; Lc 9,37-43);
5. a un "demonio mudo" (Lc 11,14; Mt 12,22).

Además, hay varios pasajes que hacen referencia de modo genérico a exorcismos de Jesús (Mc 1,32-34;Mc 3,10-12).

Según los evangelios, Jesús obró tres resurrecciones:
1. Resucitó una niña de doce años, la hija de Jairo (Mc 5,21-24, Mt 9,18-26, Lc 8,40-56). Jesús afirmó que la niña no estaba muerta, sino solo dormida (Mt 9,24;Mc 5,39;Lc 8,52).
2. al hijo de la viuda de Naín (Lc 7,11-17).
3. ma Lázaro (Jn 11,1-44).

Jesús obró también, según los evangelios, dos prodigios de tipo natural, en los que se pone de manifiesto la obediencia de las fuerzas naturales (el mar y el viento) a su autoridad.
1. Jesús ordena a la tempestad que se calme y ésta obedece (Mt 8,23-27; Mc 4,35-41; Lc 8,22-25).
2. Jesús camina sobre las aguas (Mt 14,22-33; Mc 6,45-52; Jn 6,16-21).

Tres signos extraordinarios, que tienen un sentido acusadamente simbólico:
1. Multiplicación de los panes y los peces. Es el único de todos los milagros de Jesús que es registrado por todos los evangelios (Mc 6,32-44; Mt|14,13-21; Lc 9,10-17; Jn 6,1-13). Ocurre en dos ocasiones según los evangelios de Marcos (Mc 8,1-10) y Mateo (Mt 15,32-39);
2. la pesca milagrosa (Lc 5,1-11; Jn 21,1-19);
3. la conversión del agua en vino en las bodas de Caná (Jn 2,1-11).

LOS TRES DIFERENTES “CLASES” MILAGROS
De la lectura sencilla de los milagros del Señor, resalta lo que creo son tres tipos, o clases de milagros.
1. Los que hacia como resultado de una petición de alguien para si mismo, o para otros
2. Los que hacia por su cuenta de algo que observaba
3. Y uno en particular, en el que “aparentemente”, hizo sin saber que lo había hecho. Es decir algo que resultó milagroso en forma espontánea. Este es el caso de la mujer que padecía flujo de sangre por doce años, que sanó al tocar el vestido de Jesús (Mc 5,25-34; Mt 9,18-26; Lc 8,40-56);

Es decir, que el Señor en todos sus milagros, respondía a la petición que le hacían en donde se daban dos supuestos: El estaba consciente de lo que pedían, y el peticionario también lo estaba, lo pedía y tenía creencia que el Señor lo podía hacer. Es decir que tenía una fe manifestada.

Pero en el caso de la hemorroisa, la que padecía de esos flujos de sangre, ocurre algo distinto: Jesús, da una indicación extraña. Veamos este caso y estudiémoslo con detenimiento.

Resultó que esta mujer viuda, había gastado toda su fortuna en curaciones infructuosa de una dolencia en la que por doce años, no cesaban unos flujos de sangre . Estaba angustiada y desesperada, pero aparentemente, habiendo oído de, estar siguiendo, o teniendo conocimientos sobre las actuaciones de Nuestro Señor, pensó y creyó que Él la podía curar. Esta condición era particularmente conflictiva y humillante, porque entre los judíos, era considerada como una persona impura quien la sufría. Ese día, se encontraba Jesús en su región; siguiéndolo, ostensiblemente por buen rato, encontró que no podría acercársele y pedirle que la curara, por ser tanta la gente que le seguía y se apiñonaban en su alrededor. Ante esta situación, desesperada se dijo:” sé que de tocarlo nada más, seré sanada”. Así que casi arrastrándose, y abriéndose paso a penas --tal vez hasta siendo empujada por los que despreciaban esa enfermedad-- llegó hasta nuestro Señor. Tocó su túnica y tal como había creído, quedó ipso facto, curada. Es decir que se sano de inmediato. Entonces ocurre algo insólito, extraño: Jesús en un exabrupto, exclama: “¿quién me ha tocado?”—“¿Cómo que quién te ha tocado rabboni?”—le contestan—“¿todos te tocan y se apretujan en ti; porqué preguntas?” El Señor, aparentemente confundido dice: “ He sentido que una virtud ha salido de mí”. ¿UNA VIRTUD?

¿Nos preguntamos hermanos, como el “Dios entre nosotros”, que todo lo sabe y nada se le puede ocultar, puede decir algo así? Mantenga esto en mente....a renglón seguida, sintiéndose descubierta, la mujer confiesa; va y se postra a sus pies. Imagínese por un momento esta escena, habrá los ojos de su corazón...Entonces, Jesús exclama: “Hija, tú fe te ha curado...vete en paz, quedas libre de tú mal.

¿Qué ha pasado aquí? ¿Qué se nos escapa? Primero mis amigos, quiero que sepan, que todo. pero todo, que el Señor dice, es totalmente intencional. Ni una sola palabra es hecha al azar o irreflexivamente. Nada fue dicho para que pasara inadvertido. Todo se dijo para aquel día y para la posterioridad...para la eternidad.

Así, que aquí, tenemos una verdadera cantera de conocimiento de Dios, voluntariamente abierta para que entremos, nos enteremos, y hagamos acopio de este inmensurable acto de misericordia del TODO PODEROSO.
¿Acaso podríamos pensar por un momento que Jesús iba a decir aquello porque en verdad fue sorprendido sin su conocimiento? Creo que nos quiso llamar la atención; nos apuntó con la mano hacia una de sus características de misericordia más poderosas, y más llena de amor; más intencionadas a compartir con sus creados. Nos apuntó como en el cuadro del Cristo de la Misericordia de Faustina Kowalski, que señala con su dedo a su corazón, de donde salen a raudales unos rayos rojos y azules. Que por cierto, también salen de las manos de María, su madre.

¿Qué es entonces esa “característica”, a la que en asombro me refiero. Cuando lo pensé y creo, descubrí, quede perplejo, totalmente asombrado: ¡Dios mío.. tienes un “punto”, “una ventana”, permanentemente abierta... por ella salen a raudales unas energías poderosísimas! Por ella sale todo el tiempo tú corazón, lleno de misericordia. Libre, disponible, accesible a todos los que crean y lo necesiten. Es tú gran debilidad... Tú entrega ... eres todo amor... que cierto es todo lo que nos ha enseñado... que bueno y santo eres, que Padre solícito eres. Bendito seas por todas las eternidades. Padre amado...Gracias Padre Santo. Que mi hermano pueda verlo Señor... permítelo.

Esa característica es un acto sencillamente increíble, hermoso, bello, mesmerizaste de la esencia, si se quiere, de Dios. Por eso, hermano y hermana que me lees, el milagro, no solo es posible sino una característica intrínseca de Dios. Solo se acondiciona a que haya total certeza, inequívoca y firme que esto es así. Podrás tener muchos dones, ser un fiel creyente en Dios y su Cristo—lo que está muy bien—pero sin no crees en los milagros, te pierdes uno de los regalos más hermosos de esta fe nuestra. Solo tienes que creer: fe, es solo la certeza absoluta en lo que se cree.

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