ace ya algún tiempo, quería escribir sobre Moisés Román; del Reverendo Moisés Román, de la Iglesia Evangélica: “Un Ministerio Sanador”. Soy católico, pero tengo como costumbre, sobre todo, de un tiempo para acá, de escuchar a aquellos hombres que por televisión, predican a Cristo y me hacen sentido.
De esa pléyade de predicadores, tanto católicos, evangélicos, o de otras denominaciones, que a diario inundan los canales de la televisión, poco a poco, se van distinguiendo y sobresaliendo, casi a la fuerza, ciertas voces que captan tú atención. Generalmente, y es bastante incidente, que estos predicadores—no importa la denominación-- adopten posturas grandilocuentes, rimbombantes y altisonantes. Sus retóricas llenas de un floreteo banal y llano, más que prédicas son acontecimientos teatrales con un histrionismo rayando en lo Holywoodense.. Y es que traen, mezclado con ciertas verdades, tanta otra espuma y burbujas multicolor, que terminan por desvirtuarlo todo y explotando, luego no queda nada.
Al cabo de un rato de escucharlos, termina uno por creer que en efecto, el cristianismo está muy unido el dinero. El éxito económico en la vida, un resultado del mismo, y como consecuencia del mismo. Entre más vincules el dinero-- en este caso el diezmo-- al culto, más exitosa va a ser tu vida. Naturalmente, los que no logran destacarse, entonces, es por haber sido mezquinos en el dar. Toda una teología, depurada y centrada en esto…
Moisés Román, es sin embargo, un predicador sereno, no es amigo de esas posturas tan ensimismadas que abundan. Es pausado, y sin grandilocuencias, entra y profundiza en el tema sin retorismos innecesarios. Tiene la rara habilidad de adornar con un humor tan fino las cuestiones más profundas, que cautivando tu atención, sacia la expectativa de quien lo oye.
Moisés Román tiene una línea ecuménica. Postula una sola Iglesia: la de Cristo, por lo que su prédica es conciliatoria y de apertura sincera. En él, no hay diatriba divisiva, y su tono siempre es de brazos abiertos para todos los que de otra forma también prediquen a Cristo. De tal manera y delicadeza se refirió a María en su prédica del 25 de diciembre, que llegue a pensar que era un evangélico mariano.
Cree este gran predicador que el cristianismo no es un asunto circunstancial. Una especie de cábula o recetario personificable o adaptable a las necesidades o expectativas de la vida de cada uno. Que Cristo y su prédica pueda ser una fórmula mágica para conjurar y sobre todo la economía personal y que el diezmo, es parte sine equa non de esa ecuación.
Moisés Román, no cree en esto. No es que tampoco predique en contra del diezmo. Meramente, ha podido, y a mí me ha convencido, de que el cristianismo es otra cosa. Cree en aquello encontrado en Lucas 11:42: Más ¡ay de vosotros, fariseos!, porque pagáis el diezmo de la menta y la ruda y toda clase de hortaliza, y sin embargo pasáis por alto la justicia y el amor de Dios; pero esto es lo que debíais haber practicado sin descuidar lo otro. Y en Mateo 23:23: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas”.
Cree el Reverendo Román, que el Señor no vino a abrogar la ley, eso está claro, pero si vino a establecer UN NUEVO PACTO, mediante el testamento de su sangre. En éste pacto, nadie está obligado a cumplir legalidades ni ritos, ni circuncisión ni peregrinaciones, pero si que el amor de Cristo nos constriñe. Este es el Nuevo Pacto de que habla el profeta Jeremías, Cap.31 Vers31-34, donde Dios escribe en la mente y el corazón su ley, y nadie tiene que decirle al hermano: No peques, porque todos conocen a Dios. Nadie tiene que decirle al hermano, ¡ofrenda!
Moisés Román cree en un Cristo de responsabilidad Social y de solidaridad humana. Un Cristo que trasciende las cuatro paredes de la Iglesia, que se extiende ha, y se hace relevante para el hogar, al hombre de la calle, el político, para el individuo y para la colectividad. Un Cristo que nos llama eminentemente a la compasión con el necesitado, al menesteroso. Pero sobre todo, cree en un Cristo compasivo, atento, y amigo misericordioso.
Quiera Dios mandarnos más hombres como Moisés Román.
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