Sus Fuentes de verificación
Si hay un personaje que haya sido objeto de interés y especulación sobre su existencia real, ese es Jesús el Cristo de los Cristianos. Algunos de sus exponentes como es el caso del libro sobre Jesús escrito por el Papa Benedicto XVI y la famosa película de Mel Gibson: “La Pasión”, nos presentan unos cuadros o retablos de su personalidad, obra y enseñanza que representa lo más cercano y fidedigno a su verdad histórica. Desafortunadamente, existen otras representaciones, muy difundidas por la Televisión, documentales, y libros recientemente, que distorsionan su persona, inventan, manipulan los pocos datos históricos e interpretan a su antojo y capricho, los evangelios creando por así decirlo una pseuda teología tipo; “pop-culture”: que arrastra y lleva a la duda y al escepticismo sobre la existencia y enseñas de Jesús. Sus intenciones son cuestionables pero ciertamente, representan a su vez, y a mi entender, un lado oscuro y más siniestro de lo que en la superficie se pueda ver.
El mismo clima de poca religiosidad que hoy en día impera en nuestra sociedad en general, tengo la impresión, emana en gran parte, de estas representaciones que trivializan, y hasta ridiculizan la figura y enseñanzas de nuestro Señor. Se ceban muchos, se regodean y saborean malignamente en reuniones, comentando esto, o aquello que leyeron, o vieron en tal y cual documental, regando veneno con o sin malas intenciones; pero con el mismo efecto de crear una atmosfera de duda sobre la existencia de nuestro Salvador. No es necesario que desaprueben su existencia; o convenzan de su imposibilidad...basta crear la duda. De hecho, hay una anécdota “jocosa”, que ilustra esto en todas sus dimensiones. Resulta que el Diablo viendo como un abogado ganaba tantos casos donde claramente el acusado era culpable; conmovido por ello, le pregunta un día: “Oye ven acá, dime como haces para convencer al jurado para tantos veredictos de absolución, cuando claramente la persona es culpable”.—El interpelado letrado, le contesta como si nada: “Yo señor, no trato de convencer a nadie” – “bueno, entonces como lo haces”—volvió el maligno a preguntarle. Yo señor, solo busco sembrar la duda...el resto el mismo jurado se encarga de hacerlo. Sí...esa es la cuestión con estos librejos de mal agüero y la miríada de documentales televisivos en los últimos años. Aparecen, como me han dicho muchos: inofensivas obras de ficción, “ovejitas mansas” para el pasatiempo de las masas, pero debajo...créame: un lobo feroz de lo peor.
Por eso es tan importante que nosotros los seguidores de Jesús, nos preparemos y estemos listos para refutar y argumentar correctamente sobre las bases, que las hay, de la existencia de Jesucristo y de lo que verdaderamente representa. Y no pongamos caras de: “nos cogieron por sorpresa”, en estas reuniones donde alguien va a sacar tarde o temprano el tema, máxime si averigua que estamos en buenos caminos.
LAS BUENAS FUENTES
En esta pequeña disertación, recurriremos a las últimas averiguaciones sobre el tema, la arqueología, los textos bíblicos y fuentes históricas laicas o no cristianas de los primeros siglos de nuestra era. En este respecto, hemos de destacar el papel que juegan las fuentes, tanto arqueológicas como literarias ya que son estas, las que van a dar las únicas pruebas realmente fiables sobre la vida de este hombre singular que reconocemos como nuestro Salvador, permitiendo a los hombres de buena voluntad, distinguir lo que es Historia de lo que es literatura o pura especulación.
Para comenzar, tenemos que decir que entre finales del siglo VXIII y principios del siglo XX existió una corriente de pensamiento que arraigó entre un grupo de estudiosos que sostenían que Jesús no fue un personaje real, sino una creación literaria de un grupo de personas religiosas que interesados en divulgar un nuevo credo en una divinidad salvadora que fuera atractiva. El argumento fundamental enraizaba en la aparente divergencia que presentaban los evangelios, en varios episodios de la vida de Jesús. Cuando es todo lo contrario porque estas “divergencias”, lo que demuestran es que los escritores de los mismos, no se pusieron de acuerdo como hubieran podido hacerlo para crear una fábula bien orquestada sobre la vida de Jesús.
Y es que hasta el momento, no se había trabajado en arqueología, o existían lo métodos recientes de datación por Carbón 14 de ciertas piezas arqueológicas. Lo único que había para entonces era las basílicas o iglesias construidas desde muy remoto de los supuestos lugares del drama. El descubrimiento, por ejemplo de la piscina de Betzaida, muy próxima a la Puerta de de las Ovejas, que se abría en la muralla del recinto del Templo de Jerusalén y por la que entraba el ganado destinado a los sacrificios, vino a cuestionar esta este aserto. Según el evangelio de San Juan, en este lugar, Jesús había sanado a un paralitico (Juan V, 1-9). La crítica mencionada, había puesto en tela de duda su existencia, ya que se creía imposible por sus dimensiones o fuentes de agua, supuestamente inexistentes. En donde sus amplios pórticos no podían haber pasado inadvertido a las múltiples prospecciones e investigadores del antiguo Jerusalén, pese al paso de los siglos. Las excavaciones efectuadas a partir de 1870 pusieron al descubierto la piscina tal y como se describía en el citado evangelio y además, descubrió a su vez, un amplio sistema de distribución de aguas subterráneas. Su hallazgo constituyó un hito, que certificó que en los evangelios canónicos podían hallarse informaciones históricas veraces.
Algo similar ocurrió con la lápida hallada en 1961, en el anfiteatro de Cesarea Marítima, antigua sede del gobierno romano en Judea, en la que se encuentra la única inscripción que se conoce con el nombre de Poncio Pilatos, prefecto romano que condenó a muerte a Jesús. TIBERIVM / (PON) TIVS PILATVS / (PRAEF) ECTVS IVDA (EAE). Este fue el primer testimonio arqueológico, y epigráfico, que apareció de una persona que convivió directamente con Jesús de Nazaret y tuvo una participación directa en los acontecimientos que condujeron a su ejecución, pero no fue el único. En el año 1990, en una cueva al Sur del Valle de la Gehena, perteneciente a la ciudad de Jerusalén, se encontró un grupo tumbas fechadas en el siglo I de C. Dos años después en 1992, los arqueólogos descubrieron doce osarios más con restos de unas 63 personas entre los que destacaba los de un anciano 60 años, en cuya urna se halló la inscripción “Yosef bar Caifa", o lo que es lo mismo José Hijo de Caifás. Los estudios realizados por especialistas a partir de las inscripciones y los restos del yacimiento, han concluido que efectivamente el personaje depositado en el citado osario fue el sumo sacerdote; judío Caifas, que procuró la detención y posterior condena a muerte de Jesús. Estos y otros descubrimientos no sólo aportan informaciones para un mayor conocimiento de la era y el entorno en el que vivió Jesús, sino que a medida que se fueron produciendo desarmaron la teoría: que este había sido un personaje creado para fines religiosos, pues no había restos arqueológicos, sin carga espiritual, ligados a él o a sus más directos contemporáneos, una aportación por tanto indirecta pero trascendente.
LOS ÚLTIMOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Ciertamente son escasísimos los estudiosos que hoy día dudan de la existencia real del carpintero de Nazaret aunque, debido en parte al tirón mediático alcanzado por este, se ha convertido en hábito relacionar cualquier tipo de hallazgo de la época con el propio Jesús. Así sucedió con el hallazgo, en el año 1986. de una barca fechada en el siglo I después de Cristo. Tras una época de fuerte sequía el descenso de las aguas del lago de Genesaret, también conocido como lago Tiberiades o Mar de Galilea, dejó al descubierto un esqueleto de madera, relativamente bien conservado, de un esquife o barca de pescadores, junto con algunas cerámicas. Fechado el descubrimiento en el siglo primero de nuestra era, y dada la intensa relación del lugar con Jesús, pronto se denominó a la pequeña nave como "la barca de Jesús" aunque sobre todo como reclamo turístico, pues es poco probable que precisamente este fuese el bote del Nazareno, teniendo en cuenta los miles de ellos que debieron surcar estas aguas a lo largo del siglo I.de C.
Grandes expectativas han despertado igualmente, y con mayor fundamento histórico, el rescate de una vasija del fondo marino de la costa de Alejandría, Egipto, en julio del año 2008. En el costado de la pieza se puede leer una inscripción que, según algunas traducciones, dice: "Jesús el mago". La fecha de la misma es muy temprana, hacia el año 50 d. de C., y de comprobarse que esa es la trascripción correcta estaríamos ante el testimonio más prematuro sobre Jesús, antes incluso que los propios evangelios. No obstante las investigaciones han de seguir su curso pues se han barajado otras posibles traducciones que desmontarían esta teoría, y así podría tratarse de una ofrenda de una tal Cresto, y no Cristo, al dios Goi, o bien una manifestación de un temprano culto a Cristo en el propio Egipto.
Pero sin duda el resto arqueológico que más interés ha congregado en los últimos años ha sido la tumba de Talpiot, barrio judío próximo a la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde se halló un osario con la inscripción "Jesús hijo de José". Fue el director de cine J. Cameron S. Jacobovici el que, en un documental titulado: “La última tumba de Jesús, concluyera, apoyándose fundamentalmente en la cronología del osario y la citada inscripción, que esta había sido la verdadera sepultura del Nazareno. El documental fue ampliamente divulgado por los medios de comunicación, sin embargo nadie en la comunidad científica cree que tenga una base sólida como para hacer tales afirmaciones. José y Jesús eran nombres muy comunes en la época, y además, para poder tratarse de quien afirman los autores del reportaje, la inscripción debería haberse expresado en los siguientes términos:”Jesús hijo de José de Nazaret", pues era costumbre en la época indicar el lugar de procedencia del un difunto si era enterrado fuera de su lugar de origen.
Así podemos decir que no todos los restos que se relacionan con Jesús son tales, ya que, dado el interés que despierta el personaje, existe la tentación de relacionarlo con cualquier descubrimiento de la época, lo cual ha contribuido a generar cierta confusión entre el público.
LAS FUENTES LITERARIAS NO CRISTIANAS
Las fuentes históricas antiguas ajenas al cristianismo que hablan de Jesús son escasas, independientes entre sí, y hacen referencia brevemente al personaje, pero constituyen la principal evidencia de la existencia real del mismo, lo que las da gran valor. Entre los autores romanos encontramos algunas alusiones a Christus en una carta que el gobernador de Bitinia, Cayo Plinio el Joven, dirigió a su emperador y amigo Trajano, en el año 111 (Epístola 1, io. 96). Diez años más tarde era el historiador Suetonio (Vida de Claudio 25,4) el que hablaba de un tal Chrestus, adorado por algunos judíos en Roma. A inicios del siglo II el también historiador Tácito (Anales 15,44) se refería a los cristianos y a su fundador con motivo de las medidas tomadas por Nerón, tres el incendio de la capital del imperio. En las fuentes judías encontramos dos testimonios especialmente reveladores. El primero de ellos procede del Talmud una recopilación tardía de las enseñanzas de los sabios de Israel: "En la víspera de la Pascua fue colgado Jeshu. Durante cuarenta días antes de que sucediera la ejecución salió un heraldo y gritó: <Sale fuera para ser lapidado porque ha practicado la hechicería y ha incitado a lsrael a la apostasía. Todo el que pueda alegar algo en su favor que se presente y alegue algo por él>. Pero como nadie se presentó a su favor, fue colgado la víspera de la Pascua. [...]"
EL TALMUD BABILÓNICO. TRATADO SANEDRÍN 43A
La referencia histórica más conocida es el denominado: Testimonium Flavianum, que se encuentra en la obra del historiador judío Flavio Josefo, publicada en los años 93-94 de nuestra era: “Por esta época vivió Jesús, un hombre excepcional, ya que llevaba a cabo cosas prodigiosas. Maestro de personas que estaban totalmente dispuestas a prestar buena acogida a las doctrinas de buena ley, conquista a muchos entre judíos e incluso entre los helenos. Este era el Cristo. Cuando, al ser denunciado por nuestros notables, Pilatos lo condenó a la cruz; los que le habían dado su afecto al principio no dejaron de amarlo, ya que se les había aparecido al tercer día, viviendo de nuevo, tal como habían declarado los divinos profetas, así como otras mil maravillas a propósito de él. Todavía en nuestros días no se ha secado el linaje de los que por su causa reciben el nombre de cristianos." Flavio Josefo, Antigüedades Judías XVIII, 3,3; XX, 19, l.
Por tanto, la lectura de las diferentes fuentes escritas no cristianas, y próximas al siglo I de que disponemos, ha arrojado como resultado un puñado de frases en las que se cita a Jesús como un personaje real. El origen independiente de estos textos entre sí, la antigüedad de los mismos y el diferente tratamiento que hacen del sujeto, corroboran que el carpintero de Nazaret fue un personaje real.
LOS EVANGELIOS CANÓNICOS
Los evangelios son libros en los que se recogió la vida de Jesús, sus hechos y el significado que tuvieron sus palabras y acciones, con el objetivo de extender su mensaje y hacer que otros creyeran en él. En cierto modo son a la par biografías, aunque no como las entendemos hoy día, y libros de fe, en la medida en que estos textos nos transmiten la identidad global del personaje y su mensaje, tal y como era propio de los biógrafos grecorromanos de la época, y pretenden ser fieles a lo que dijo e hizo Jesús, con el fin último de que sus lectores le acepten como su Dios y Señor.
De todos es conocida la diferencia entre los evangelios denominados canónicos y apócrifos, siendo los primeros, los cuatro de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, los aceptados por las diferentes ramas del cristianismo, y los segundos aquellos que quedaron fuera del "canon", con el que se evaluaron todos los textos que durante los primeros siglos recogían la vida de Jesús, por resultar sospechosos de albergar graves errores e inexactitudes en su contenido. Realmente y pese a la importancia que últimamente se ha dado a estos, su valor histórico es muy irregular y escaso. Las razones se encuentran, por una parte, en lo tardío de su elaboración. El más temprano de estos textos se fecha hacia el 150 d. de C, esto es, más de un siglo después de haber sido ejecutado Jesús, lo que dificultó que los datos aportados fueran veraces. Por otro lado la natural ausencia que estos escritos poseen de determinadas informaciones se suplieron acudiendo a la imaginación de sus autores, trufando sus páginas de historias fantásticas e inverosímiles. Por último, la gran mayoría de estos documentos son secundarios, esto es, no tuvieron información de primera mano sobre Jesús, como en el caso de los canónicos, de los que en buena medida son deudores.
Recientemente, en la primavera del año 2006 saltó la noticia a los periódicos de que había sido descubierto un nuevo apócrifo, El Evangelio de Judas, que hacía novedosas y grandes revelaciones sobre la relación que existió entre Jesús y Judas Iscariote, el apóstol que le traicionó. La antigüedad del texto, 130-170 d. de C, hizo pensar que podía tratarse efectivamente de una fuente fiable que aportase datos sobre la vida del Nazareno, pero desgraciadamente no fue así. Este nuevo apócrifo convierte al Jesús histórico en un personaje irreal, misterioso, transmisor de oscuros conceptos gnósticos para una minoría de iniciados y elegidos que se hallaban en un nivel de conciencia superior al resto de mortales. El autor, que sin duda pertenecía a una comunidad gnóstica, presenta a Jesús fuera del marco del judaísmo de su tiempo, sin el que el la figura del carpintero de Nazaret no se puede comprender. Su evangelio es por consiguiente una obra de gran importancia para el conocimiento del gnosticismo del siglo I de C.; pero lamentablemente de nulo interés para la comprensión del Jesús histórico.
En este sentido los evangelios canónicos son mucho más exactos. Hemos de tener en cuenta que, no en vano, son los documentos más antiguos que tenemos sobre Jesús. En el campo de la investigación histórica se valora como un criterio importante la antigüedad de los textos ya que cuanto más remota es la obra y más cercana a los hechos que narra, más fiable suele ser desde el punto de vista histórico. Igualmente con el fin de evaluar la veracidad de una obra antigua los historiadores acuden al contraste entre los manuscritos que existen y su proximidad a los hechos relatados. y así, mientras que de las obras de Platón, elaboradas hacia el año 400 a.c., tenemos 7 copias, fechada la más antigua en el 900 d. de c.; del Nuevo Testamento completo, escrito entre los años 50 y 100 d. de c., tenemos más de 25.000 copias, fechadas en los 225 años siguientes al final de su redacción, esto es, hasta el año 325 d. de c. Por último, existen unos criterios de historicidad que los investigadores aplican a los documentos escritos sobre los que trabajan, muchos, aunque no todos, los hechos narrados en los canónicos superan estos análisis con holgura. Por tanto, hemos de señalar que las principales fuentes para el conocimiento directo de Jesús de Nazaret no son las arqueológicas, que como ya hemos señalado tienen su importancia, ni los textos no cristianos o apócrifos sobre el mismo, sino los cuatro evangelios canónicos - Mateo, Marcos, Lucas y Juan-, seguidos a cierta distancia por los apócrifos denominados: Evangelio de Pedro, Evangelio de Tomás, Papiro Egerton 2 y el Papiro Oxirrinco 840, obras todas ellas, unas y otras, que han de ser siempre tomados con las debidas cautelas y estudio crítico, pues además de informaciones históricas, incluyen de profesiones de fe y justificaciones de sus autores. -
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