Rafin R. Mena...
El término religión o religioso, ha sido materia de debate desde hace mucho tiempo. Tal parece que viene de religiosus que quería decir “escrupuloso”; por tanto, el que no se comporta a la ligera, sino cuidadosamente. Lo contrario de religión es negligencia, descuido, desentenderse, abandonarse. Frente a relego está nec-lego; religente (religiosus) se opone a negligente. Me imagino que esto lo habrá cogido a usted de sorpresa; porque posiblemente pensó, que este vocablo tal vez tuviera una etimología más sagrada. Sin embargo... fundamenta lo que no describe, pero conteniendo la advertencia que su ejercicio no puede ser llevado a cabo en forma negligente. Es decir que religión es una actividad, una disciplina, si se quiere, a la cual no se le puede llegar a la ligera. Y en eso, la palabra “Religión”, es perfecta para lo que se usa y como la usamos hoy en día.
Dentro de su acepción moderna, se usa para describir como el ser humano, de todos los tiempos y de todas las razas, ser relacionan con el fenómeno de la Creación, y las fuerzas incomprensibles de la Naturaleza. Para nosotros en la tradición judeo-cristiana, tiene un significado más restringido y más enfocado a la búsqueda de una determinada e evolucionada deidad. Pero, haciendo un esfuerzo de abstracción, para describir la actividad humana relacionada con este vocablo, y tomando en cuenta su uso generalizado, podemos decir lo siguiente: religión es aquella actividad humana, que busca explicar la Creación, quién puede estar detrás de la misma, y como el ser humano se relaciona con este fenómeno.
Todos los tiempos, han dado hombres y mujeres inclinados a esta actividad, a esta búsqueda. Los encontramos en todos los países y en todas las culturas. En donde quiera han existido, también se han esforzado por concretizar sus pensamiento confeccionando teorías (teologías), muchas de las que han desembocado en las “Religiones” del Mundo.
Siempre ha sido el caso,empero, que aquellos que más tiempo dedican a este esfuerzo, y que han logrado una cierta o completa teorema al respecto, sobre todo cuando la han plasmado en escritura, quieran hasta cierto punto, hacerse con esa “verdad”. La hacen única, y no abierta a debate. “Cuando Roma locuta” causa finita” , como en el dicho de San Agustín de Ipona: Si Roma lo dice cuestión zanjada. Ese apoderamiento de la “verdad”, es natural en el hombre ya que es de su esencia hacer lo mismo que con las otras cosas. El egoísmo llega al punto de hasta adueñarse de lo etéreo o inmaterial.
Afortunadamente, la humanidad también ha producido a seres que han podido contrarrestar esta inclinación y propiciar aquello que del sano y bien intencionado debate, siempre produce una mejor compresión del misterio. Dado suficiente tiempo, lentamente pero inexorablemente, produce la última flor que es la “Verdad”: aquello que presenta los elementos más íntimos de la cosa. Esta religiosidad, nace en el hombre en forma espontanea; y para mi que de por sí, que constituye otro “misterio”. Y presumiendo, como siempre es el caso, de que todo es consecuencia, de algo preexistente, tenemos que deducir que hay, o existe algo dentro del hombre que lo inclina a buscarle explicación al misterio. Antes que Miguel de Unamuno, también lo dijo San Agustín: “Noli foras ire, in te rede, in interiore hominis hábitat veritas”. En el interior de hombre habita la verdad, sin ser necesario ir a buscarla fuera de él.
Por eso, y tal parece que nuestro creador así lo dispuso (Ver el átomo Dios, en esta sección), y en la fibra más profunda de su ser, el hombre tiene en ese código genético, el “mandato inconsciente” de querer buscarlo. Ese proceso, es “religión”.
Tal parece, por lo menos como nos habla la historia, desde sus más pretéritos comienzos, que esta condición o inclinación del hombre, no trajo como consecuencia una civilización equilibrada y satisfactoria, porque la misma por el contrario, ha sido: el “lobo contra el lobo”; “el hombre contra el hombre”. Sangre y más sangre, guerra y más guerras.
Hacia o faltaba algo entonces y adicional, para que aquella primera inclinación tuviera un evolución o culminación plena. No estaba de dentro de él; ha sido por revelación y por la misma “visitación” de su creador lo que la ha dado al hombre la oportunidad clara y diáfana, de situarse en relación a su creador y en cuanto a si mismo. Esa posibilidad la encontramos en Cristo. Él, nos trajo lo últimos elementos necesario para la completa evolución del hombre, para salir de su condición de animal y convertirse o mejor decir, casar lo espiritual con lo material. Eso es también Religión; en este caso, la nuestra.
Por ÉL fuimos creados y para Él hemos sido evolucionados. Jesucristo es la verdad y la máxima expresión de Religión.
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